Pensar en entrevistas de trabajo, en un nuevo trabajo, en volver a estar rodeado de gente y de trenes, me genera ansiedad. Dado que no tengo más que 8/12 de la experiencia que piden y apenas unas prácticas, es posible que ni me llamen. Me encuentro mejor que en junio, pero no me veo con fuerzas para empezar un nuevo proyecto laboral, además, ahora que he empezado un nuevo curso, que es exigente, pero amable. No hay un runrún de fondo, como hace dos años. Los profesores insisten en el respeto, en el silencio, y los comentarios fuera de lugar tan habituales en "la mejor clase" no han tenido lugar.
En casa, leyendo sobre aviones, haciendo un ejercicio de mi psicóloga, me siento a gusto. Si me llaman, pues puedo hacer una entrevista. Y nada más.
En medio del bucle maldito de ideaciones, pensar en volver a estudiar era algo remotamente posible pero muy muy agotador. Ya es algo posible.
He paseado con A, nos hemos intercambiado regalos ... Ha sido bonito. Nos ha proporcionado energía a los dos. Es bello. Es genial.
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