A ti, que sin tener por qué, en medio de tu abismo, me tendiste la mano. A ti, que me escuchas y te ilusionas con cada fragmento de conocimiento que te cuento a trompicones, como pelladas de yeso de palabras. A ti, que me has abierto las puertas de tu casa y de tu vida.
Gracias por estar a mi lado. Por dejarme estar a tu lado. El mundo, esa sociedad horrible y sin sentido, ese esperpento de falsedades, de falacias, de intereses contrapuestos, es mucho mejor, porque tu estás en él.
Será un placer guiarte de camino a la playa en bici la próxima vez.
Mil gracias.
Te quiero mucho.

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