El verano transcurre apaciblemente. El calor es agobiante. Los días son largos pero poco aprovechables, porque apetece poco salir a la calle, salvo al atardecer o al amanecer, cuando hace fresco (a veces). La rutina no me agota ni me resulta desagradable. El trabajo es interesante y no demasiado cansado.
Me siento mejor. Todo es más fluido. Duermo estupendamente y disfruto de los días. La compañía de Marco. La luz de la mañana. Pasear en bici. La gente amable y sensible.
Poco a poco una persona querida va teniendo su espacio. Las piezas del puzzle van encajando.
Domingo. Descanso y pronto empezará la semana. Otra semana más. A disfrutarla.
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