Marco entró en mi casa y en mi vida como 15 días antes de empezar a dejar la paroxetina. Las primeras semanas fueron frustrantes porque estaba muy asustado y no me dejaba ni acercarme a él. Se escondía en los lugares más insospechados y ni siquiera se atrevía a comer en mi presencia. Cualquier intento de acercamiento terminaba en bufidos.
Pero poco a poco fue cogiendo confianza y como un mes después de llegar a casa se dejó acariciar por primera vez. Todavía no buscaba mis caricias pero si que las aceptaba y aunque seguía buscando sus escondites (dentro del sofá, tras el bidet o en el armario), se mostraba más cariñoso.
Ahora me espera cada día en la puerta, maullando y se frota conmigo mientras le acaricio. Ayer descubrí un libro llamado A street cat named Bob. Evidentemente su historia poco tiene que ver con la mía. Pero la compañía de Marco ha sido importante para mí. Creo que me ha hecho mejor persona, un poco mejor persona, y más calmado. Al igual que he mejorado su vida, ofreciendole refugio, comida y cariño, él me ha aportado cosas difíciles de expresar con palabras pero muy importantes.

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