En el portal de casa, de vuelta del trabajo. Esperando el ascensor. Subiría andando, pero voy cargado. Con la bici. A mi lado, una madre con su pequeña niña en brazos.
Mira, una bici. Y ¿como hace la bici? ¡Ring ring!
Y, de forma irresistible, el pulgar de mi mano izquierda busca el timbre y hace que suene su metálico y brillante sonido. Y la nena se sorprende y alegra con ese ruido y con lo grande que es mi bici.
Me acuerdo de otro nene que he visto en el parque. Nene o nena. No estoy seguro. Con su diminuta bici sin pedales, cogiendo equilibrio.
Sonrío. La sonrisa y la esperanza vencen. Llueve en la calle pero no en mi mente. Hace meses que no me asaltan esas irresistibles ganas de llorar. Hace meses que no paso noches en blanco. Calma, serenidad, alegría, amor ...
Soy afortunado.
Sonrisas.
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