A poco más de las 7 de la mañana estaba despierto y con el ánimo muy bajo. Si los dos días anteriores ir en bici había sido una buena forma de sentirme mejor, hoy, entre el frío, el aire y el dolor de hombro, no parecía una buena opción. Recurrí al lorazepam, como en diciembre. Pude estar un rato más en la cama, me duché sin prisa, me corté el pelo y me afeité antes, estuve otro rato en la cama y me fui a hacer la compra. Comí (muchísimo) y me pude dormir un rato.
Y ahora estoy en la cafetería con mis compañeros.
Si. Ha ido mejor. He comido demasiado y tengo todavía sueño, pero debe hacer más de 10 horas que tomé el lora. Me encuentro mejor. Soy como el amortiguador de una bici de descenso, que se recupera entre resoplidos después de una compresión máxima.
La Paz extraña del cansancio y de las benzodiacepinas.




