Llegó el fin de semana anhelado, soñado durante casi mes y 1/2, pero no fue lo esperado. Puede que tuviera que haber sido consecuente con mis decisiones de finales de junio (cuando salí de la consulta de la cardióloga) y no haberme metido en otro charco. Pero el pasado ya no se puede cambiar.
Fue agotador y, de nuevo, mis pequeños avances quedaban eclipsados por frases demoledoras.
Pero también fue bonito. Los lugares. Los trenes. Una pena no haber logrado tener más calma y que fuera menos desagradable para mi y para ella. Lo siento.
Me he dado cuenta que, desde el 21 de junio, o incluso antes, desde 1/2 del mes de mayo, mi prioridad, mi tarea o mi trabajo, ha sido poner los cimientos para encontrarme mejor.
Al principio era pura supervivencia. No pedir ayuda aunque fuera doloroso el mismo hecho de pedir ayuda, habría sido peor.
Desde esa semana de junio, todas las semanas he tenido alguna consulta, de psiquiatría y psicología todas la semanas, a veces incluso 3 psicólogas distintas en menos de una semana.
Al final ese es mi trabajo ahora y es duro y agotador. Pero necesario.
Mientras tanto, por la mañana seguí peleando con la burocracia hospitalaria habitual y, tras llamar dos veces (la primera me colgaron) y, hablar con dos personas distintas (mi DNI y más datos me los se de memoria), descubrí que la cita no confirmada seguía pendiente de confirmar. No voy a dar mas datos. Como acabé gritando por teléfono, me parecía absurdo y antediluviano. Fuera como fuera, después de comer, me habían confirmado POR FIN, x13 días después, la maravillosa y muy necesaria cita con la psiquiatra (a la que adoro, iba a escribir AMO, pero se podría malinterpretar).
Después, todavía bajo un calor abrasador, llegué de nuevo hasta la parada de metro habitual (elevada, como el metro de otras ciudades europeas, Berlín, se me ocurre) cruzando el parque precioso. El metro me llevó hasta mi destino y, en el camino, fui capaz de mantener la calma más o menos (con auriculares) y leer Motociclismo.
Llegué demasiado pronto, pero la sala de espera es preciosa y tranquila.
Me hizo pasar a consulta. Es una Y. De una habitación se pasa a otra y de esa última, se puede acceder a tres despachos o consultas. Ella ocupa el central, el segundo empezando a contar por la derecha o por la izquierda. Tiene a la espalda de su mesa un balcón, que supongo da a un patio interior.
Como en la primera ocasión, ella llevó el peso de la consulta y, de nuevo, no poder contar de forma lineal cómo me sentía, que ella me preguntara cosas todo el rato ... me generó un poco de angustia. Me fui con la sensación de que no había tenido la oportunidad de contarle todo lo que me preocupaba, pero si, al menos, lo más importante. Me preguntó tantas cosas que me fui con la sensación de no haber sacado tres o cuatro ideas importantes. Ahora me doy cuenta de que le pude decir (casi) todo lo que llevaba apuntado en el cuaderno verde, pero de forma no ordenada y lineal.
Será que soy demasiado rígido.
Bajar el ruido. Si. La ansiedad como ruido.
Todavía no se por dónde va. Creo que se va a centrar en mi infancia (me preguntó cosas que no tenía previstas y que no recordaba con el detalle que me gustaría).
La verdad, el seguir en paralelo con la otra psicóloga de Internet, ha sido una gran idea, muy acertada, porque si para la cita de hoy (de ayer, la segunda parte de la entrada la escribo a las 6 y pico de la mañana del 2 de Agosto) tuve que esperar como 2.5 semanas ... esta vez son más de tres. Si, las vacaciones y el autocuidado de la psicóloga eran importantes. Me gustó que valorara lo práctico que soy. Con los recursos disponibles, que son limitados, he (hemos) de hacer lo máximo.
Salí de la consulta y fui capaz de pasear por Madrid. El primer impulso fue ir al metro y volver a casa, necesitaba tiempo para digerir/apuntar lo vivido durante la consulta. Pero también me apetecía relajarme, pasear, descansar mentalmente. Total, ya había hecho todo lo previsto en el día de hoy. Incluso cosas imprevistas, como que Marco tuviera una muela infectada y hubiera que pedir una nueva cita para el preoperatorio. Y ya tenía confirmada la cita. Y la consulta había sido cansada (mucho, pero útil). Bajé hasta Alonso Martínez y luego por Fuencarral hasta la Gran Vía. La luz era especial, dulce, de atardecer, preciosa. Había demasiada gente (era por la tarde, lógico) pero intente que no me agobiara demasiado. Fui a la Casa del Libro, que no pisaba desde hace 1 o dos años, y encontré un libro precioso sobre Valentino Rossi.
Al final pude convertir una "obligación", algo necesario pero cansado, en una tarde de paseo y libros y fotos. Positivo.
Buenos días y buena suerte.