miércoles, 7 de febrero de 2018

Descanso

-¿Haces descansos? ¿A qué hora el primero? ¿Sales a la calle?-

-Si. A las 11. Salimos a la puerta de la oficina.-

Mensajes aparentemente triviales a través de aquella archiconocida aplicación para teléfonos móviles. Sabía leer entre líneas y supo que algo no andaba bien. Se le antojó que tras aquellas palabras aparentemente neutras se ocultaba una petición de ayuda. Como el piloto de un avión con una avería grave que se comunica con los controladores aereos y declara emergencia.

Minutos después, tal y como le había dicho estaban en la calle, bajo el sol con uñas del invierno. Una pausa breve como necesaria. Mientras algunos insistían en seguir hablando de trabajo el intentaba desviar la conversación hacia otros temas, banales, pero que por lo menos servían para despejar la mente.

La vio llegar, en su coche azul cielo, del mismo color que el íris de sus ojos. La vio llegar como quien ve llegar la tormenta. Como un controlador aéreo en la torre de control pendiente de los aviones.

-297 ¿declara emergencia?-
-Afirmativo-
-297 autorizado pista tres cero, servicios de emergencia avisados-

Aparcó en doble fila –las malas costumbres nunca se olvidan- y se acercó a ellos. Medía como 1,60 m y transmitía fragilidad, aunque sabía que en parte sólo era una falsa impresión, puesto que era cinturón negro de kárate. Podía expresarse con fluidez en cinco idiomas (a él le costaba hablar inglés medianamente bien) y manejaba con soltura complejos conceptos macroeconómicos. Pero los dos compartían un vínculo: el que ha paseado por el alambre, con el vacío a sus pies, con un inabarcable mar de negrura lamiendo sus pasos y ha vuelto a la luz, pero no sabe si tendrá que volver a hacer ese camino, ni si tendrá fuerzas para volver a hacerlo.

Recorrió los escasos metros que les separaban con pasos cortos y rápidos. Saludó al grupo, de forma cortés pero breve y se dirigió a él. Sus miradas se cruzaron y supo que algo no andaba bien. Pudo leer la pena en sus ojos. Le tomó de la mano y se apartó unos pasos del grupo.

-¿Me abrazas por favor?-

Desplegó sus brazos, largos y delgados, se le antojó con la rapidez que se despliega un paracaídas en plena caída libre. Y le abrazo. Se abrazaron.

-¿Cuánto has dormido?-

-¿Y tu? ¿Cuánto has dormido?-

-Menos de lo que debería, pero lo suficiente para llegar a la noche-

Fighting back the tears. Luchando por no romper a llorar. Eso debía sentir ella. A punto de llorar, a punto de estallar.

-Ven. ¿Has desayunado?-

Comenzaron a andar hacia el pequeño coche azul cielo. Reto moderno, o neo reto. Con aspecto de los 50 pero tecnología del SXX-

-¡Pareces mi madre!-

-Si, si, pero apuesto a que no has comido nada desde ayer. Necesitas comer regularmente e hidratarte. Aunque haya días que no tengas apenas apetito o no te apetezca. Déjame las llaves de tu coche que te propongo una experiencia religiosa.-

Desbloqueó el cierre centralizado con el mando integrado en la llave, abrió la puerta izquerda y se acomodó en el asiento del conductor. Ella hizo lo propio en el lugar del copiloto. Conducir a agotado y a punto de llorar no era nada recomendable. Lo que no le impedía saltarse sus propias recomendaciones.

-¿Qué experiencia?-

Giró la llave de contacto y arrancó el motor. Ronroneaba de forma apenas audible. Se le antojó un sonido comedido y educado, tal y como lo era ella. Salvo quizás en un día como ese. Las emociones desbocadas, como un devastador huracán, todo lo arrasaban.

martes, 6 de febrero de 2018

Barro

Obstáculo:

Opción 1, atravesarlo
Opción 2, rodearlo
Opción 3, volver sobre tus pasos.

Sopesar las opciones. Pensar antes de actuar. Entrenar la paciencia. Andar por el barro sin caerse. Sólo algunas manchas en las zapatillas y en los bajos de los pantalones.
Entrenar la paciencia.

Buenas noches y buena suerte.

lunes, 5 de febrero de 2018

Lágrimas .... y alegría.

Hoy he recordado parte del magnífico libro "El Dakar" de Javier Olave. Compré ese libro en las navidades 1999-2000. De nuevo me vuelven recuerdos muy nítidos de hace más de 18 años. Quizás porque entonces me sentía como ahora. Nervios, lágrimas a flor de piel, problemas para concentrarme y para dormir. Días agotadores pero imposibles de olvidar.

Capítulo V. Las lágrimas de Miguel.

-¡Háblame, háblame!- Miguel interrumpió el silencio con voz desesperada.
-¿Qué...?-Atónito, le miré asustado. Vi que le caían lágrimas por las mejillas. Pensé inmediatamente que algo le dolía mucho. Podía ser un cólico nefrítico, o una úlcera, o....-
-¡Háblame, háblame! ¡Dime cosas, joder...!-
-¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa, Miguel?-
-Nada, estoy bien, pero no dejes de hablarme, no te calles...-

(En 1996 Javier Olave copilotaba a Miguel Prieto en un Mitsubishi Montero largo de la clase T1).

Muchas veces me he sentido así, al manirllar de mi vieja KTM rallye virtual, al borde de las lágrimas o llorando directamente. Pero también dispuesto a ayudar a otros participantes en el rallye de la vida. Un gesto, una palabra, una mirada que ayudan a seguir adelante.


Pero hoy es un día bueno, a persar de la nieve, aunque cuando sonó el despertador ya estaba en la ducha. Aunque la ansiedad a veces me pueda todavía. Aunque me ponga la venda antes que la herida. Aunque intente anticipar, pensar y si ... y si no ...

Hoy es un buen día.

(Y ME HA ESCRITO EL DIRECTOR DE MOTO VERDE)

Buenas noches y buena suerte.

domingo, 4 de febrero de 2018

Colores



La última vez que me sentí así, cuando por fin empecé a remontar y lograba dormir bien y no alterarme por todo era como finales de Marzo de 2015. En uno de los múltiples correos que intercambiaba con Venus (Compañera, amiga, amante, confidente, maestra) le hablaba de ésta bici. NS Bikes Clash 1 2013. La bici en si es lo de menos. Me gusta, como la mayor parte de las bicis. Lo importante es la combinación de colores en el manillar y puños, un lado azul y el otro verde. Esos colores me transmitían a la vez calma, paz y alegría.

Algún día volveré a sentirme así.

Calma, paz y alegría.

Propósitos para 2018
1-Dormir bien
2-Controlar la ansiedad
3-Que me la suden  den igual actitudes que ni dependen de mi ni puedo cambiar
4-Aprender a cocinar
5-Socializar más (socializar en general)
6-Cuando haya cumplido más o menos 1 y 2 buscar un nuevo trabajo

sábado, 3 de febrero de 2018

Que el miedo a volver a caer no te impida volver a volar*


Incluso en los días más oscuros, siempre hay un pequeño hilo de luz. No voy a escribir/describir cómo me siento, como me he sentido hoy. Pero ya pasó. Y siempre hay un alba en la que despertar, o al menos siempre llega el amanecer, aunque siga sin dormir toda la noche ...

Buenas noches y buena suerte.

*Segundas partes si fueron buenas.

¡GRACIAS!
¡BUENAS NOCHES!








Madrugadas de calma e insomnio.

Llevo despierto desde las tres y media o así. No se si me voy a poder volver a dormir, aun con el efecto de la mirtazapina que tomé allá por las diez y cuarto de la noche de ayer.

Es una lata no ser capaz de dormir aunque esté muy muy cansado como lo estaba ayer. Semana de muchísimos altibajos, pero tras cinco horas de sueño todo es distinto y vuelvo a recuperar la esperanza. Al menos estoy calmado. Esa calma dulce y extraña, mezcla de la medicación, el cansancio y el pequeño grado de control que voy teniendo de mis emociones

Como era aquello que pensé y escribí ... Soldados anónimos de batallas invisibles que tienen lugar lejos del tiempo y el espacio, en el interior de nuestras mentes. Mil veces abajo, mil más arriba ... He de estar lo más tranquilo posible, intentar dormir, hidratarme y comer dentro de un poco, desayunar (la verdad es que no tengo el apetito de lobo habitual en mi). Después quizás devuelva unos libros en la biblioteca ...

Pero todavía es muy de noche. Tiene que amanecer. Y las noches de insomnio de los fines de semana, cuando no hay despertador ni trabajo al que entrar a las 08:00 se pueden hacer eternas.

La cama a mi lado, con Marco, el gato pirata tumbado en ella. Y una revista (Moto Verde de éste mes). Junto a mi cama o en mi cama nunca falta agua, música y lectura ... a veces por el placer de escuchar música o podcast en la cama y de leer en la cama. Otras como forma de hacer las noches infinitas más llevaderas. Noches como la de hoy.

Buenos días y buena suerte.

COME ON, PUSH!

jueves, 1 de febrero de 2018

Reflexiones

¿Qué me provoca ansiedad?

  • Cambios o incertudumbre. Todo lo que se sale de lo previsible.
  • Relacionarme con personas.
Es decir TODO. La vida en sí misma es incertidumbre e implica relacionarse con otros seres humanos, aunque sea para comprar el pan. (Y así he llegado hasta donde estoy ahora. Lleno de rarezas, introvertido, con apenas amigos).

Son días extraños, de muchos altibajos (de nuevo) y con la sensibilidad que me caracteriza a flor de piel más que nunca. Extraños y duros, agotadores, pero bonitos.

No quiero seguir pensando en lo que me pasa, por qué me pasa, cómo me siento, ¿cómo me sentiré mañana?

En su lugar pienso en otra de mis rarezas. Adoro las furgonetas. Me imagino al volante de una Toyota Proace. Furgo, bicis, una pareja de galgos y buena compañía.


A new day has come

El amanecer queda a la vez cercano y lejano. No he dormido todo lo que debería pero si profundo. Un nuevo día. Un nuevo reto.

¡GRACIAS! ¡BUENOS DÍAS!


miércoles, 31 de enero de 2018

Empatía

El limbo se ha comido ésta entrada. Quizás sea mejor así.

No puedo calmar la tormenta pero me puedo calmar a mi.

Sobre arena, barro, piedras ... siempre adelante.



Con el (antaño se me antojaría pequeño) plato de 32 dientes se puede llanear a más de 30 km/h o subir cuestas muy empinadas, dependiendo de la corona escogida. Espero poder controlar mi estado de ánimo en un futuro cercano y que los días sen más fáciles.

martes, 30 de enero de 2018

Metamorfosis

Muchas veces me he sentido pequeño como una libélula. Frente a situaciones aparentemente sencillas. Frente a la vida. A la hora de relacionarme con otros seres humanos. Cuando decido dejar de soñar y de escribir y vivir en el mundo real.

Si.

A veces no logro dormir más que dos o tres horas. A veces la ansiedad me domina y vivir duele. Cosas tan sencillas como preguntar algo a alguien o pedir algo a alguien, por sencillo que sea, me cuestan horrores.

Y así podría seguir hasta mañana. Hay un montón de cosas que me dan miedo o me generan ansiedad o ambas. Pero darme cuenta de todo esto, lograr pedir ayuda (de nuevo, y ahora en menos tiempo) ya es un gran primer paso.

Éste blog empezó en un momento muy similar al que vivo ahora. Con un texto de Kahlil Gibran. Entonces me agarré a un clavo ardiendo por escapar de mi soledad. Como bien me dijo Venus, que sienta la necesidad de llenar mi soledad no significa que pueda llenarla con cualquiera.

Éste blog se titula El loco porque perder la razón es uno de mis miedos más grandes. Pero incluso en los días menos buenos soy consciente de que algo me pasa e intento decidir yo mismo y no dejarme llevar por la ansiedad.

Metamorfosis.

Cualquier cambio por pequeño que sea me asusta. Me gusta el orden. Aunque sea un orden caótico. Dentro de un caos aparente puede haber orden. Pero ahora decido cambiar. Cambiarme. Ver la vida desde un punto de vista un poco más calmado. Esquivar los muros en lugar de estamparme contra ellos. Reír en lugar de enfadarme por todo. Intentar que algunas cosas o actitudes no me afecten, en lugar de intentar que no existan.

Metamorfosis. De oruga a mariposa.

Tengo toda mi vida para cambiarme y para mejorar. Y recuerdo las palabras de Venus (quien fuera mi compañera, amiga, amante y confidente). Para encontrar, primero hay que buscar.

Busqué, encontré un yo que no me gusta y decidí intentar cambiarlo.

Soldados anónimos de batallas invisibles que tienen lugar fuera del tiempo y el espacio, dentro de nuestras mentes. Mil veces caeremos, mis veces nos levantaremos.

Buenas noches y buena suerte.

(VIII) Ritual / El sueño de la razón produce monstruos* (Parte 2)

*El sueño de la razón produce monstruos es un grabado de Goya.

El resto del relato, aquí.

Mordió la boquilla del camelback y bebió un trago de agua. Su estómago protestó: demasiadas horas sin comer nada. Rebuscó en el interior de la mochila algo con lo que saciar su hambre. Encontró una barrita de cereales un poco aplastada y una bolsita con pasas. Nada más. Tenía que conseguir comida. No podía seguir así …

El tiempo pasado desde que dejó el tren se le antojaba irreal. Se quedó dormido al poco de partir de la estación y el miedo y la angustia le despertaron cuando el tren llegaba a una pequeña estación. Descendió del tren: un pequeño pueblo entre las montañas. Y a partir de ahí, se puso a recorrer pistas de tierra encharcadas guiado por su intuición. Estaba … en medio de ninguna parte. En una pista de tierra que atravesaba una zona de montaña, boscosa. Llevaba dos días así, peinando las montañas sobre la bici, durmiendo en el bosque envuelto en una manta de supervivencia y recorriendo palmo a palmo pistas y senderos del alba al ocaso. Niebla, frío, lluvia, hasta algunos copos de nieve. Y nada. La sensación continuaba allí, en algún átomo de su cuerpo, pero a cada minuto se apagaba poco a poco. No, se apagaba no. Algo la ocultaba. Un farol cubierto por una tela negra. El resultado era el mismo: no podía percibir la luz, no podía encontrar lo que estaba mal.

Con la boca llena de pasas se colgó de nuevo la mochila a la espalda y miró a su alrededor: una pista de tierra, a media ladera, cerca de un talud. Arriba, arboles, hasta más allá de donde alcanzaba la vista. Abajo, en el fondo de la vaguada, la cicatriz de la vía del tren. Una buena forma de orientarse, para volver a la civilización, buscar un pueblo, comprar comida y, con la tripa llena, decidir si prolongar la búsqueda una jornada más o recresar a … ¿casa? Buscó el pedal con el pie derecho y estaba a punto de darse impulso para comenzar a rodar de nuevo, cuando un sonido lejano y leve llamó su atención. No era su respiración, ni el susurro del aire en los árboles. Ni el goteo del riachuelo cercano donde había rellenado el camalback. Su boca se torció en un gesto de fastidio. No lograba identificar el sonido. Entonces, lo vió: una pequeña mancha blanca, en la lejanía, oculta en parte por los jirones de niebla, avanzando por el fondo de la vaguada, por la vía del tren. Buscó el catalejo en uno de los bolsillos de su mochila, con la ayuda de sus lentes de aumento pudo descifrar su silueta: un caballo blanco corriendo por la vía. Deprisa. Mucho. Oh no. Un caballo. Una vía. Otra vez. Sin pensar, se tiró ladera abajo, esquivando piedras, maleza y tocones de árboles. La pendiente era tan acusada que estuvo a punto de caerse varias veces. Al final no pudo seguir avanzando sobre la bici y continuó a pie, tropezando, resbalando sobre la hierba y el barro. Le costó alcanzar la vía, justo cuando el caballo llegaba a su altura. A todo galope, desbocado. Se puso en medio de la vía, interceptando su trayectoria. Acertó a ver espuma en su boca y sudor corriendo por sus costados. Alzó los brazos, el caballo detuvo en seco su desenfrenado avance y se encabritó. Los cascos de las patas delanteras pasaron muy cerca de su cuerpo. Resistió los impulsos de alejarse del caballo, mientras trataba de recordar lo que le habían enseñado. Le miró a los ojos. Se miraron a los ojos: desorbitados, llenos de terror, los del caballo. Inyectados de sangre y de desesperación los suyos, después de varios días sin apenas dormir ni comer. Los ojos del caballo reflejaban el más puro terror. Sintió como ese mismo miedo inmenso, irracional, devastador, crecía en su interior. Pero no podría permitírselo. Cerro los ojos y comenzo a acariciar al caballo cerca del nacimiento de las crines, mientras le susurraba palabras tranquilizadoras. No sabría precisar cuanto tiempo pasó, pero el caballo se calmó. Ambos se calmaron. Acarició sus crines. El caballo temblaba. Quizás algo de comer … Rebuscó en la mochila, la bolsita de pasas. Le ofreció algunas al caballo, que las aceptó con gusto.

Pensó que, en cierto modo, el caballo era más inteligente que él. Y con sentidos o instintos más precisos. Escapaba de un peligro que él apenas podía percibir. Quizás pudiera ayudarle. Una vez más, dejó fluir sus sentidos buscando una fuente intensa de peligro. Como el sónar de un submarino escudriñando el océano. Nada. Sintió miedo de nuevo. O bien no ocurría nada, o bien lo que ocurría escapaba a su percepción.

Se que estás asustado, pero tienes que llevarme al lugar del que has venido.

Reparo en que llevaba silla, estribos, riendas. Alguien lo había ensillado. Esperaba por el bien del humano que lo hubiera hecho, que no estuviera sobre la silla en el momento en que se había desbocado. Se encaramó a la silla de montar. Le costó. Estaba cansado y hacía siglos que no montaba a caballo. Observó su reflejo en un charco, a un lado de la vía. El casco integral y la ropa de bici contrastaban con el blanco del caballo. Recuerdos inconexos acudieron a su mente. El jinete sin cabeza, o algo así. Y el hombre del saco. El jinete sin cabeza seguramente era una leyenda (aunque él había visto cosas realmente extrañas). El hombre del saco no. Gador. Almería. El tampoco era una leyenda.

Vamos …

Como resupuesta a sus pensamientos, a aquellas palabras apenas susurradas, el caballo giró sobre sí mismo y comenzó a desandar sus pasos. En cuanto pudo se alejó de la vía, a través de un estrecho camino. El camino desembó en una pista de tierra. El caballo primero había avanzado al paso, pero tan pronto alcanzó terreno más favorable y despejado, aumento su velocidad. Al galope. Se dejaba llevar. Repartía su peso entre silla y estribos y se aferraba a las riendas. Sus sentidos, alerta, pero sin éxito. No sabría precisar cuanto tiempo pasó hasta que distinguió la silueta de unos edificios recortada en el fondo del valle. Pensó en utilizar de nuevo el pequeño catalejo, pero estaba en la mochila. Dejó que el caballo salvara la distancia que les separaba de aquel lugar. Cuando estaban a un kilómetro más o menos, el caballo frenó su galope. Al paso, se fueron acercando allí. Intuyó quizás que se trataba de un centro de equitación. A la derecha de uno de los edificios, distinguió lo que parecía una pista ovalada de arena. Y conforme se acercaban pudo ver más detalles, que aumentaron su miedo. Dos pequeños autobuses. Mimibuses o como cojones se llamaran. Con capacidad para veinte o quizás treinta personas cada uno. Eso implicaba gente. Comenzó a pensar en una excusa que justificara qué hacía allí a lomos de un caballo que no era suyo. El caballo se había escapado y el lo encontró. Que mejor excusa que la verdad. Pero no le tranquilizaba. De hecho al alcanzar por fin los edificios, al ir a rodear el primero de ellos, lentamente, el miedo explotó en su interior. Instintivamente busó la espada alojada en la espaldera. No. Lo de que el caballo se había escapado podría colar, ya que era estrictamente verdad. Pero la espada no. Si no ocurría nada (que era posible) quién le viera se iba a llevar el susto de su vida y quizás llamara a la Guardia Civil. Hay un loco en un caballo con una espada, vengan pronto.

Al doblar la esquina de uno de los edificios la vio. Parpadeó varias veces para comprobar que no era una ilusión. Una niña pequeña, de seis o siete años, quizás alguno más, vestida con el uniforme de lo que quizás era un colegio privado. Falda de cuadros escoceses, medias o leotardos negros, zapatos negros y un abrigo azul marino encima de todo. Apostaba que bajo él se ocultaba un jersey de lana y la típica camisa de vestir. ¿Qué hacía una niña tan pequeña allí sola? El caballo se negó a avanzar. Se detuvo. A diez o quince metros de la niña. Saltó al suelo y caminó hacia ella.

-Hola ¿Qué haces aquí? ¿Estás bien? ¿Te has perdido? ¿Te puedo ayudar en algo?-

Por toda respuesta la niña empezó a llorar. Llegó a su altura y se arrodilló junto a ella. Entonces supo que había cometido un error. En una décima de segundo, la niña le tomó la mano izquierda entre las suyas. Dejó de llorar y en sus rostro se dibujó una mueca de triunfo.

Dolor. Oscuridad. Era una centinela. Si, una niña de menos de diez años como centinela. Pero también una maga poderosa. Capaz de ocultar su poder. Capaz de dibujar en décimas de segundo un hechizo que le arrebatara la vida. Y aquel gesto aparentemente trivial de cogerle de la mano facilitaba el hechizo. Literalmente le estaba robando la vida a espuertas. No podía ver, ni sentir apenas nada. Le costaba trabajo hasta hilbanar sus pensamientos. Que estupidez. Iba a morir a manos de una colegiala. Recordó por un instante Irak y el Líbano. Morir a kilómetros de su casa por el hechizo de una niña. Si Dios existía ahora mismo estaba muerto de risa.

No. Le quedaba un hilo de vida. Su cuerpo se le antojaba pesado y rígido, de piedra. Pero podía mover el brazo derecho. Lentamente. Milímetro a milímetro. La espada. Venga. Otro milímetro. Vamos. Cuando su mano alcanzó la empuñadura sintió alivio y terror a la vez. ¿Tendría fuerzas para sacar la espada de su vaina? Una voz ensordecedora gritaba en su mente. No te pares. No te pares. Logró sacar la espada de su vaina. Sin siquiera ver nada era difícil no acertar a un blanco tan cercano. La espada entró en el cuerpo de la niña de arriba abajo, un poco por debajo del hombro izquierdo. Rasgó sus ropas sin dificultad. El simple contacto del metal mágico con la piel bastó para que el hechizo se interumpiera. Escuchó débil, lejano, un grito de sorpresa y de puro terror, antes de que la oscuridad le atrapara completamente.

¿Cuánto tiempo tardó en despertar? Volvió a sentir su propio cuerpo. Sobre el piso de tierra apisonada, medio de lado. Notó un peso sobre su cuerpo, lo apartó lentamente y buscó una posición más cómoda, boca arriba, antes de abrir los ojos. La visión del cielo cubierto de nubes fue tremendamente bella. Estaba vivo. En algún momento, antes de caer inconsciente, había cerrado su círculo mágico vital. Su cuerpo se autorreparaba lentamente. Entonces recordó a la niña. Giró la cabeza. Estaba a su lado. Muerta. Todavía con la espada clavada en su cuerpo, de arriba abajo, un poco por debajo del hombro izquierdo. Sangre por todas partes. Acababa de matar a una niña desarmada. Aunque fuera una experta maga. Aunque hubiera intentado matarle. Toda vida era valiosa, preciosa. Él había sido entrenado para proteger la vida. En qué se había convertido. En un asesino. Rompió a llorar casi en silencio.

lunes, 29 de enero de 2018

Calma

Lo escribo bajito. Susurrando. Llega la calma. Una marea dulce de arroz con leche. Poder dormir y que vivir no duela. Estar tranquilo, dentro de mi carácter a veces un poco brusco y abrupto.

Alcanzar la calma.

Muchas cosas vividas hoy. Pero no me he saturado. 200 ecx. Recuerdos. Sensaciones. Y un nuevo contenedor de imágenes bajo mis pulgares.

domingo, 28 de enero de 2018

Cambio a transmisión 1x10 en mi bici

(ATENCIÓN: Ladrillo sobre bicis insoportable. Si no te gustan las bicis no lo leas. O sí. Ir en bici es un deporte precioso y adictivo. Si lees esto y acabas hoy domingo en el Decathlon viendo -o comprando- bicis, me alegraré.)

A principios de los 90 me subí por primera vez a una bici con marchas. Una bici de montaña infantil, con ruedas de 24", más pequeñas que las de 26" habituales entonces. Tenía 12 velocidades (2 platos y 6 piñones). Los mandos de cambio eran escas clásicas manetas sobre el manillar, Shimano SIS -que sólo los más viejos recordarán-. Sólo el cambio del piñon (maneta derecha) era sincronizado. El plato era a fricción y a veces costaba meter el plato grande.


Me costó entender cómo usar en cambio y que marcha era la más adecuada para cada momento y para cada terreno. El plato grande para llanear y bajar. El plato pequeño para las cuestas arriba duras Además aunque la bici cambiaba razonablemente bien la precisión y suavidad de los manos no era la misma que ahora. Y aunque tenía 12 teóricas velocidades, hay combinaciones (plato grande piñón grande, plato pequeño piñón pequeño) que no se deben usar, porque la cadena se cruza en exceso o queda demasiado tensa o poco tensa. Es algo en lo que me fijo en mis paseos por Madrid y que delata a los principiantes ...

Damos un gran salto en el tiempo y llegamos a 2013. Entonces lo más de lo más, lo deseado eran las transmisiones 3x10 y 2x10. En ese año surge algo nuevo por parte de SRAM: El grupo XX1 1x11: un único plato y 11 coronas. Un espectacular cassette 10-42, que requería y requiere un nucleo especial XD. El precio también era espectacular y lo alejaba del común de los ciclistas, que adora las bicis pero tiene otros muchos gastos y no puede dejarse así porque si 500 € en piezas.


A mi me costó entender el sentido a las transmisiones 2x10 y 1x11. Ese año adquirí mi habitual compañera de fatigas, una 29" con cambio 3x10. Después si que entendí a qué venía tal revuelo. Sobre todo si tienes 3 platos, normalmente vas en el mediano (un 32 o 34 en una bici de montaña) y el grande y el pequeño se usan poco. El grande para zonas muy rápidas y bajadas y el pequeño para subidas muy duras, o subidas medias cuando estás agotado.

La idea de pasar la bici a una de esas preciosas y sofisticadas transmisiones 1x algo viene desde 2015, donde surgieron opciones digamos económicas para pasar la bici a 1x10, sólo cambiando las bielas por unas monoplato -en algún caso se pueden mantener bielas de 2 platos con un único plato- y transformando el cassette con una enorme y vistosa corona de 42 dientes. Se quita una corona intermedia y se añade la de 42. Eso si el cassette lo permite. De nuevo el precio y cambiar algo que ya funciona bien me hacían dudar.

Hasta que hace una semanas por fin decidí dar el paso. En mi caso había que cambiar algo más, porque al llevar eje de pedalier octalink (no el típico Shimano o Sram de gama media/alta hueco) además de las bielas, debía cambiar el eje.

Resumen de las nuevas piezas:
  • Bielas Sram NX. Con plato de 30 dientes que yo cambié por uno de 32.
  • Eje de pedalier o rodamientos SRAM GXP. Ojo que las bielas SRAM requieren unos rodamientos específicos, puesto que en el lado izquierdo el eje es de 22 milímetros, de menor diámetro que los Shimano que tienen 24 mm en ambos lados.
  • Cadena deore de 10v.
  • Cassette Sunrace 11-42 10v.



Con un mínimo de conocimientos de mecánica y herramientas se puede poner todo esto en casa. Si no sabes puedes mirar en libros, revistas e Internet, así he aprendido yo mecánica, además de por necesidad y placer.

Ayer me acabaron de llegar las piezas y pude instalarlo todo. Me pareció más sencillo de lo esperado y solo se me atragantó escoger la longitud de cadena adecuada.

Una vez montado y probado todo ... los pros y contras.

Pros.
  • Simplicidad. Un sólo mando de cambio y menos piezas. Utilizas todas las marchas. Es más fácil limpiar la zona del pedalier.
  • Ligereza. En una bici de gama media, con componentes de gama media no ultraligeros y ultracaros no se nota tanto.
  • Estética. Es lo más subjetivo pero personalmente la bici queda mucho más bonita y con aire de bici "pro".
Contras.
  • Como siempre el precio. En mi caso, contando también con una maravillosísima caja de herramientas como no del Decathlon, porque me faltaba alguna herramienta y otras estaban Dios sabe donde, unos 200 €.
  • Gama de desarrollos. Antes del cambio el desarrollo más largo era un 42x11 y el más corto un 22x36. Ahora, 32x11 y 32x42. Se pierde más en marchas largas (que sólo se usan llaneando o bajando) que en cortas.
  • Para una persona con pocos conocimientos de mecánica puede resultar muy complicado o incluso agobiante poner todas esas piezas o incluso elegirlas y comprarlas. Como todo en la vida nadie nace sabiendo. En mi caso llevo desde los 90 metiendo mano a mis bicis. He aprendido leyendo en revistas y libros en la era pre-Internet y por prueba y error. Alguna pieza me he cargado, pero no demasiadas.

En cuanto al tema de la mecánica, puedo recomendar alguna cosa. Fundamental usar guantes de trabajo. No te manchas las manos de grasa -que a veces cuesta dejarlas otra vez limpias- y evitas alguna posible herida si apretando o aflojando algo se te resbala la llave o la mano y golpeas algo afilado como los dientes de un plato. Si no tienes claro cómo hacer algo al 100% no lo hagas -lo digo por experiencia-. Pregunta a alguien que sepa, mira en Internet (marcas como Shimano o Sram tienen pd's en sus web que indican cómo instalar tal o cual pieza). De nuevo nadie nace sabiendo. Y si te gustan las bicis (y tu presupuesto es limitado) igual también te acaba gustando la mecánica. Un mínimo de conocimientos es muy útil cuando algo se rompe o desajusta en medio de la nada.


No hay más fotos del resultado porque acabé de noche y con poca luz ... ahora saldré a volver a probar la bici y con la luz preciosa de la mañana podre babear viendo lo bonito que queda todo. Y ya estoy maquinando la siguiente locura mecánica: poner unas bielas de doble plato 42 32 o así en la bici híbrida (con cambio en el buje de 3v) y así tener un desarrollo más corto para subir cuestas más cómodo.

Y lo mejor es que mientras montaba las piezas, por unos minutos me olvidé de la ansiedad, de la mirtazapina, del insomnio. de las movidas en el trabajo, de todo.

Buenos días y a salir en bici que hace aire y frío pero NO LLUEVE.

(Para los malpensados no trabajo en Decathlon, ni me pagan nada por citarlo ... simplemente es un lugar cercano y asequible donde comprar desde bicis a herramientas y repuestos o simplemente, en un día triste, pasar un rato viendo bicis y olvidarse de las penas ...)

XB (eXtra Ball). Fotos con buena luz.



viernes, 26 de enero de 2018

333* - 107 - 1

Ayer imaginaba mi mente, esa mezcla de enfado, nervios, ansiedad, que a veces me domina, como una locomotora. Una enorme locomotora diésel eléctrica. Una Renfe 333.

El maquinista, pequeño ante esa mole de 120 toneladas, es capaz de dirigir dócilmente la locomotora. Todo ese peso. Esos 2550 cv. Desde su cabina. Accionando cada mando.

Mi mente se me antoja estos días una locomotora desbocada. Pero sé que yo soy ese maquinista que puede hacer avanzar en marcha de maniobras esa locomotora. O bien poner el regulador en la posición de máxima aceleración. Pero solo cuando sea necesario.




*Del Audi A1 Quattro curiosamente se hicieron 333 unidades. Tiene 256 cv pero gracias a su tracción total puede transmitirlos al asfalto sin muchas pérdidas de motricidad. Ojalá consiguiera calmarme así: una combinación de mecánica, electrónica y un experto piloto al volante.



jueves, 25 de enero de 2018

Máscaras

Me siento transparente. Que todo lo que siento o pienso se me nota. No sé hasta que punto es así. En parte me da igual. En parte no. No me gusta sentirme ni mostrarme vulnerable. Frágil. Así me siento: pequeño y frágil. Como un insecto. Como una libélula.

Pero no soy tan frágil.

Me cubro con máscaras. Desde mi pelo siempre muy corto (por comodidad y facilitar en secado tras las duchas mañaneras) a mi ropa, entre sencilla, espartana y deportiva. Pasando por las cosas que "públicamente" me interesan. Ese punto de excentricidad. Extraterrestres. Bicis. Cosas con ruedas en general.

Analizar cada palabra dicha por el humano que tienes al lado es a la vez absurdo y agotador. Pero a veces me resulta inevitable. Hay muchas expresiones que se dicen o por costumbre, o por amabilidad, o por inercia. Intento ser amable, pero muchas veces sale a flote cierta brusquedad. Peco de demasiado directo. En parte porque no me gusta andar por rodeos. En parte por la ansiedad.

No soy una persona demasiado sociable (más bien lo contrario y ahora mismo relacionarme con otros humanos en general me satura. Me gustaría que alguien me abrazara. Sólo eso. Alquien con quien tuviera la suficiente confianza mutua para pedirle un abrazo y que me lo diera. Y que no fuera incómodo o forzado para ninguno de los dos, sino todo lo contrario.Pero ahora mismo las únicas personas con las que tengo tanta confianza están a miles de kilómetros de aquí.

Ha pasado una semana. De muchos altibajos. Ahora mismo me encuentro no bien, muy cansado y algo alterado. Pero creo que poco a poco voy avanzando. Volver al punto de partida, a la casilla de salida otra vez no fue agradable, es una decisión que me costó tomar y aceptar. Pero ahora ya no hay vuelta de hoja. Sólo intentar que los días sean lo más agradables posibles y alterarme (de nuevo) lo menos posible.

Me cubro con máscaras. A algunas personas me gustaría decirles cómo me siento, que vivir me duele a veces. Pero a la vez, apenas tengo confianza con muy pocas personas. Y temo que esa información pueda ser utilizada en mi contra. Y a la vez me resulta violento que se interesen por mí, por como estoy. Contradicción.

Al entrar en mi gatera humana sonaba Melón Diesel en el mp3. Contracorriente.

Quien empuja a caer 
siempre quita la red.
¿Quién es quien?

[...]

Sube el telón, 
aun no acabó.
Queda voluntad, 
quedan ganas de empezar.

Máscaras.

"Y mi nuevo yo se pregunta ¿quién esta loco? Si los cuerdos son los otros, abrazo mi locura."

miércoles, 24 de enero de 2018

Altibajos

Días de muchísimos altibajos, pero en conjunto positivos. De nuevo ..

Il n'y a pas de problèmes, seulement des solutions.

De nuevo, "todo se puede solucionar".

Hoy me siento un poco distinto. A ayer y antes-de-ayer. Me doy cuenta de que soy más fuerte de lo que pensaba. Si en un día surrealista como el de ayer, a pesar de precipitarme, atacarme, un poco todo a la vez, no pasó nada (ataque de ansiedad, vamos a ser claros) a partir de ahora voy a tirar para delante seguro. Quiero decir, el fondo se aleja. Empiezo a subir, a ascender, a remontar.

Me noto diferente, más cansado y sin esa claridad mental tan extraña, ese acceso inmediato a recuerdos lejanos y casi dolorsamente precisos.

Me cuesta recordar lo que pasó en la última semana. Los agobios, los cambios de planes, la visita al psiquiatra, las idas, las venidas.

El miedo al miedo.

Volver a experimentar una situación agobiante aunque aparentemente trivial, sencilla y recordar lo sentido y vivido la última vez. Y temblar.

Que el miedo a caer no te impida volar.

Sensaciones extrañas y a veces desconcertantes, por todo lo vivido, por la nueva medicación. Pero los días buenos parece que superan a los menos buenos. Incluso en un día raro, saber ver lo positivo y seguir adelante.

Mañana es un día medio importante. Enseguida tiraré para la cama, hoy me desvelé pero fui capaz de volver a dormirme.

Los días importantes, los días difíciles lo son menos lleno de calma.




lunes, 22 de enero de 2018

The Joker (II)

Ayer me quedé dormido en el sofá unos pocos minutos viendo Batman Begins. Lograr la calma suficiente para quedarme dormidito en el sofá fue todo un reto. Pero me pude calmar (realmente no se muy bien cómo, quizás de puro cansancio).

Aunque ya había visto la película una o dos veces, se me antojó distinta. Muchos de los diálogos parecían escritos expresamente para mi (aunque no fuera verdad).

"¿Por qué caemos Bruce?"
"Para aprender a levantarnos".

"Why do we fall, sir? So that we can learn to pick ourselves up."

Dedicí crear un nuevo personaje en éste blog. Mi otro yo. Un  alter ego. Más que un héroe, un antihéroe.

The Joker.

¿Por qué? Porque de nuevo estoy aprendiendo a tomarme ciertas cosas con sentido del humor. Un sentido del humor muy particular. Muy yo.

El Loco pretendería romper un muro a cabezazos. (El Loco es un Kamikaze). The Joker simplemente esquivaría el muro  o lo saltaría ... o quizás lo volara con un IED.

(Nota para un posible lector: He estado en la consulta de un psiquiatra y me ha dejado salir. Luego no estoy loco. Luego en realidad no voy a volar nada (entre otras cosas porque no sé cómo). No llaméis a los GEOS.)


The Joker es un otro yo un poco más payaso y quizás un poco más hijo de puta. Quiero decir ... malo, en el sentido de no ir completamente de cara, a pecho descubierto. No. The Joker piensa antes de hablar, piensa antes de actuar, igual se descojona de la risa e intenta escoger la opción menos mala o más sencilla o ... dependiendo del día ... la que le sale de la punta del nabo.

Pensar antes de hablar, antes de actuar. Que lo que no puedo cambiar y en realidad no tiene importancia me afecte lo menos posible. Reirse incluso de mi ansiedad.

Siento que he tocado fondo y que ahora sólo puedo ir hacia arriba. Igual de vez en cuando me pego la gran HOSTIA. Pero aprenderé a levantarme.

Buenas noches y buena suerte.

Sensación

Sobre una bici, y en general sobre cualquier cosa de dos ruedas, la rueda delantera es fundamental. Puedes bloquear la rueda trasera frenando (hasta cierto punto, si es en curva es diferente) y no tiene por qué pasar nada. Pero si "pierdes" la rueda delantera sueles acabar en el suelo. (Y toco madera que hace mucho tiempo que no me caigo).

Esa sensación. De sabor amargo y húmedo subiendo desde la boca del estómago. Cuando frenando fuerte con el freno delantero notas y escuchas como la rueda está a punto de bloquearse. O cuando bajando rápido por una pista, pisas algo que no has visto bien, una piedra, un surco hecho por el agua de la última tormenta, una zona de grava imprevista, y la bici protesta, sacudiendo el manillar. Lo siguiente puede ser salvar la situación ("librada") o caerse.

Son semanas de muchos altibajos anímicos, con o sin medicación de por medio. Y cada vez que me vuelve la ansiedad, cada vez que me vuelven las ganas de llorar, los nervios infinitos, recuerdo esa sensación sobre la bici. Cuando estás a punto de caerte o esquivas algo con un golpe de manillar en el último momento. Sobre la bici soy prudente y lento. A más velocidad, más posibilidades de cometer un error y caerte. En la vida es diferente. Estoy aprendiendo a que las cosas me afecten menos. Recompongo mi chubasquero, mi coraza. Vuelvo a estar bajo la lluvia.

Algún día tendré que volver a estar bajo la lluvia. Y ahora estoy de nuevo bajo la lluvia. Con barro en las zapatillas y en la cara. (Traducción > lluvia / barro / arena = ansiedad)

Reconocer que no me encontraba bien y que de nuevo necesitaba ayuda me costó mucho, en esfuerzo mental, pero poco en tiempo. Es un primer paso. Ahora de nuevo logro dormir bastante bien (hoy sonó el despertador y estaba dormido, por primera vez en un mes). En parte gracias a mi nueva amiga y aliada la Mirtazapina. En parte gracias a mi mismo.

Vuelven las cuestas arriba. Pero ahora me conozco mejor. Y además para subir la-madre-de-todas-las-cuestas (que es como se me antoja mi vida alguno de estos días, porque vivir duele) tengo un nuevo cassette 11-42 10v. No hay cuesta que se resista a esa descomunal corona de 42 dientes.

Lo repito mentalmente: Voy a salir adelante. Voy a subir la cuesta. La calma es más fuerte que la ansiedad. NO PUEDO CALMAR LA TORMENTA PERO ME PUEDO CALMAR A MI.



domingo, 21 de enero de 2018

The Joker (I)

El Loco: -Pero ¿a qué estamos jugando?-

The Joker: -Da igual. Puede ser divertido-

EL: -¿Qué sentido tiene respetar las reglas del juego si algunos no las respetan?-

TJ: -No puedes controlar lo que hacen los otros. Sí lo que haces tu. Sí cómo todo esto te afecta-

EL: -¿Qué es lo que sugieres?-

TJ: -Que mires primero por tí.-

EL: -El camino será largo-

TJ: -Un camino de mil millas empieza con un solo paso.-

EL: -Pero me faltan muchos pasos-

TJ: -Ya recorriste ese camino una vez-

EL: -No sé si podré volver a hacerlo-

TJ: -Sólo hay una manera de averiguarlo-

EL: -¿Qué manera?-

TJ: -Intentarlo de nuevo_

En zona de guerra

Tomo prestado éste concepto de Life's, porque refleja en parte como me siento.

Entrando en zona de guerra, en zona de conflicto. Conflicto mental, anímico, no bélico. Para mi la zona de guerra es cualquier lugar físico que implique relacionarse con otros seres humanos. Ahora mismo es cómo me siento. Complicado porque hay seres humanos casi en todos lados y mi actividad diaria (trabajo, hacer la compra, ver a la familia etc) pues implica relacionarme con seres humanos. Y hoy por hoy, día X4 (hoy será X5) tomando mirtazapina y, todavía, sin ser demasiado dueño de mis emociones, soy muy sensible a ruidos y voces humanas. Si en ese momento no me siento bien (y ahora hay más momentos en los que me siento mal que en los que me siento bien) me pueden llegar a saturar completamente con sus conversaciones infinitas y muchas veces triviales. Hablar todo el rato y no decir nada.

Eso lo sentí ayer, y sobre todo el jueves y el martes.

Ya he vivido una situación muy parecida, con ansiedad y tratamiento para ella de por medio, aunque fuera otra medicación y otro profesional (psicólogo en lugar de psiquatra) el que me tratara. Entonces, desde que empecé a encontrarme no-bien y pedí ayuda, hasta que logré estabilizar el sueño (poder dormir) y que relacionarme con humanos no me resultara desagradable, pasaron 5 meses. Claro que tardé 2 meses en ver a un psicólogo (la Seguridad Social y sus listas de espera) y ahora ya lo he visto. Quizás eso acorte el periodo de estar no bien. No me importa tener que tomar medicación. Es un mal menor. Ya he asumido que no me encuentro bien (algo difícil de asumir porque implicaba VOLVER A PASAR POR TODO ESTO) y es muy duro. La duda es cuando volveré a estar medianamente bien. Durmiendo bien o razonablemente bien y pudiendo llevar una vida más o menos normal, sin tener que ir con el casco y el chaleco antimetralla puestos, como un soldado de las Naciones Unidas en zona de conflicto.

Voy consiguiendo dormir más o menos lo que debo, supongo que gracias a la mirtazapina que tomo cada noche. Y si estoy en un lugar tranquilo y silencioso me suelo encontrar más o menos bien. Pero en la zona de guerra no. Ahora he de ir reconquistando el terreno que me ha robado la ansiedad. No con infantería, blindados, apoyo aéreo, sino con ejercicios de respiración para calmarme y psiquiatra. Supongo será una batalla larga, no La guerra de los seis días. Y a veces dudo si yo podré con la ansiedad. Pero si una vez vencí esa batalla, no veo por qué ahora, que soy 3 años mayor y me conozco mejor, podre volver a derrotarla de nuevo.

Si fuera un soldado virtual iría en bici, por supuesto y como ahora en mi estado de ánimo hay baches como cráteres, hoy escojo una buena bici de descenso, para pasar por encima de todos esos baches, piedras, zanjas, cortados ....


Buenos días y buena suerte.