sábado, 15 de noviembre de 2014

Una pequeña parte del mundo

Mando cariño a una personita. Cariño del que cura y calma el dolor. Pienso en ti y si fuera posible te cedería parte de mi fuerza.

Volví a un lugar que no me gusta pisar, ni siquiera como acompañante. Por suerte estaba tranquilo, mucho. Porque es un lugar que me pone muy nervioso. Y el sufrimiento ajeno me afecta. Algún día en esa cama estará papa o mama. O yo mismo. Envejecer es inevitable.

Sigo siendo sensible, pero al menos esta vez no me mareé. Es un progreso.

Te quiero mi niña bonita.

Estoy tranquilo y he dormido genial.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Columpiarse

Lo ideal es que nada de esto me afectara. Me afecta menos de lo que me afectaba, pero claro, hay cierta sustancia corriendo por mis venas que tiene algo que ver. Pero como me afecta y no quiero que me afecte pues ....

Ahora mismo me estoy columpiando.

Yo a lo mio y CHIMPÚN

Pijamas blancos

Hace un año estaba a punto de levantarme para ir al hospital. Me iban a operar. Una operación muy sencilla, con anestesia local. Pero en una parte delicada de mi anatomía. Además ¿y si el pequeño quiste resultaba ser maligno? Eso no lo pensé hasta que la médico me dio los resultados meses después. No era nada malo, sentí alivio y a la vez, vértigo por lo que no pasó.

Soy tímido, aprensivo y muy vergonzoso. Pero estaba tranquilo, por mi mismo, y supongo que la capsulita de marras que me dieron también hizo su efecto. Esperaba perder los nervios, pasarlo mal y sentir dolor, pero fue todo lo contrario. Ni siquiera la vía (en el dorso de la mano derecha) ni la anestesia (dos pinchazos en la zona cero) resultaron realmente dolorosos. Ni me dio vergüenza que en el quirófano fueran todo mujeres. Salí dando las gracias.

Es un símbolo. Aunque no me guste, si algo está mal hay que ir al médico. El año pasado lo hice y éste también. Por lo general, lo realmente importante no se cura solo. Puede empeorar.

Estoy tranquilo, me siento bien. He dormido profundo. Siento energía y amor en mi interior. Estoy en el buen camino.

Debo dejar de darle vueltas a lo que me pasa y simplemente vivir.

jueves, 13 de noviembre de 2014

terremoto

Soy un terremoto (o al menos lo era). Se que puedo transmitir mi nerviosismo a quién está cerca de mi y ...

¡Lo siento!

Un sueño. Tu voz.

No hay nada como tu voz. No hay fármaco que me produzca una calma tan especial. No hay análogos de benzodiazepinas capaces de hacerme dormir tan profundamente como charlar contigo.

Te quiero mi niña bonita. Y algún día nos dormiremos abrazados.

Mientras tanto, nos queda soñar. Soñarnos.

COME ON, PUSH!

martes, 11 de noviembre de 2014

Melancolía

Hoy he visto diminutas gotas de lluvia en brazos del viento brillando con el sol de la tarde. Y he sentido lágrimas por derramar en mi interior. (De nuevo).

Pero no ha sido un mal día. No del todo. No he perdido los nervios. La melancolía trae un poco de calma. Amarga.

Retroceso quizás.

Mañana será mejor. Lo intentaré.


(Y mañana -por ayer- fue mejor)

lunes, 10 de noviembre de 2014

Caprichos (6)

No sabe cuanto tiempo ha dormido, pero el descanso le ha hecho bien. Al menos, mas bien que mal. Está hambrienta. Obedeciendo un deseo irrefrenable se pone en pié y, en silencio, llega hasta la puerta. Está cerrada, no podía ser de otra manera. La ventana, oculta tras unas cortinas, también. El paisaje confirma sus sospechas. Juraría que está en el interior de un hospital. Uno enorme. A sus pies es de noche, la oscuridad extiende sus interminables tentáculos y una miriada de luces intentan aplacarla. A sus pies. Se encuentra en las alturas. Una décima planta, al menos. Es como contemplar una maqueta, con diminutas personas (médicos, enfereras, pacientes, familiares) moviendose de un edificio a otro, furgonetas, pequeños camiones, ambulancias.

Fuera está lloviendo. Se le antoja que son lágrimas, pero intenta ser positiva y piensa que sólo es agua, agua que limpia. Una lluvia fina, delicada, casi imperceptible, pero que acaba calando.

Un pijama blanco. Una aséptica habitación en la que apenas hay una cama, un sillón y una televisión en un soporte atornillado a la pared. Y otra pequeña puerta. ¡Un baño! Intimidad. Se desliza en su interior. Está limpio. Suspira aliviada y después alivia su cuerpo. Le hace sentir mejor. Justo al salir del baño, la puerta de acceso a la habitación se abrió lentamente. Sus sentidos, hasta ese instante en mero estado de letargo, despertaron con súbita rapidez. No pudo evitar ponerse nerviosa, y ahogar un grito.

-Siento haberte asustado. Vengo a ver cómo estas y a traerte algo de cenar-

Una enfermera. No la ha visto antes. Utiliza sus sentidos. Todos ellos. Un recuerdo acude fugaz y preciso a su mente. Es tan solo una niña (ya no lo es). Viendo la televisión en casa de sus padres. Una película sobre submarinos. Sónar. A veces siente que su percepción puede funcionar así: como el sónar de un submarino. En décimas de segundo analiza a la enfermera, un posible oponente y llega a la conclusión de que sólo pretende hacer el su trabajo (un trabajo en ocasiones difícil y poco agradecido) y que no pretende hacerle daño, sino lo contrario.

Deja la bandeja sobre la cama y le invita con un gesto a sentarse en el sillón. Le ausculta, le toma la tensión. Todo parece correcto.

-Que aproveche. Volveré en un rato a por la bandeja y los platos sucios. Bueno, volveremos-

La última parte de la frase da que pensar. Silvana se muerde ligeramente el labio inferior. No le gusta la incertidumbre. Pero ahora solo puede dejarse llevar. Rersistirse es una pérdida de energía. Y no le sobra. La comida huele estupendamente. A veces, un plato de comida, una cama y un abrazo bastan para curar todas las penas. Da buena cuenta de la comida y el postre.

Apenas unos minutos después de que haya terminado de comer la puerta se entreabre. Acierta a ver un delicioso hocico. Es un perro. Un cachorro de pastor alemán. Deja la comida, salta de la cama y va a su encuentro. Es precioso. Le olisquea. Casi se olisquean mutuamente e intercambian caricias y lametones. Por primera vez en muchos días, sonríe y siente una oleada de cariño, una sensación cálida y dulce, derramandose en su interior.

Despierta

Despierta by Bunbury on Grooveshark


Despierta
todo ha cambiado
nada es como habíamos imaginado
Esperas a que alguien mueva
Pase lo que pase, no quedes fuera

Hoy te sientes distinto
porque eres distinto
lo que fue siempre lo mismo y cambió
permanecía oculto en ti
y ahora está tan claro
es un día soleado y
no hay confusión

Despierta
despierta de una vez

Respira
y bébete el aire
ya no hay nadie que te lo pueda quitar
olvida
no importa qué digan
si no es alimento
que se lo lleve el viento

Bunbury / Despierta

A veces siento que la vida o quizás mi propio inconsciente me habla a través de canciones. Hoy es una de esas ocasiones.

Ésta se la dedico a Marta, por su paciencia, sabios consejos y comentarios.

domingo, 9 de noviembre de 2014

COME ON PUSH!




Soy una especie de conductor de una grúa cibernética y virtual. Al volante de un pequeño pick-up con grúa de palas, cabrestante, carritos, eslingas y demás material de auxilio. Solo tengo dos manos, dos pies y una mente peculiar, en parte, malita, en parte, creciendo, mejorando. Solo puedo escuchar y mimar, muchas veces en la distancia .... en fin.

Una jornada más al volante de mi grúa de palas virtual .... No puedo curar las heridas del cuerpo ni de la mente. Sólo puedo escuchar ...

Y muchas veces una eslinga no sólo sirve para tirar de alguien, también sirve para que tiren de ti.

Mañana hace cinco semanas de uno-de-esos-días. Cuando pedí ayuda. Y ni me gusta ni se me da bien pedirla.

Me di cuenta de que no podía seguir adelante sin ayuda. (Poder podía. Pero estaba llegando al límite de mis fuerzas. Mas que físicas, anímicas. Aunque no dormir agota. Y sentir de la forma que sentía, sentimientos desbocados y opuestos también. Era un punto de no retorno. Y no quiero escribir sobre lo que pudo pasar y no ha pasado porque me da miedo.)

Se que estoy en el buen camino. Y aunque a veces agote a la gente que tengo mas cerca con mis cambios de humor, mis rarezas y mi brusquedad, se que soy una buena persona, peculiar, rara, pero buena en el fondo.

Estoy aquí para aprender, para trabajar, para amar, para ser feliz y para ayudar. Soy pequeñito, así que sólo puedo ayudar con gestos y palabras pequeñas. Pero cálidas.

No me voy a quedar sólo para siempre porque no lo he estado nunca. No soy extrovertido ni muy sociable. Pero, aunque pocos, tengo buenos amigos, y a pesar de mi brusquedad, hay gente que me quiere.

Gracias y buenas tardes.

Gracias a mi familia.
A mi niña bonita.
A los amigos, pocos pero les tengo mucho cariño.
A los profesionales de la sanidad que me han tratado y me tratan.
A los compis de trabajo que me soportan.
A todos los que, en definitiva, a un lado u otro de la pantalla, se preocupan por mi.

Siento que no he vivido mucho, que he vivido menos de lo que me habría correspondido vivir. Yo me entiendo. Siento que estos son días muy importantes. El tiempo no cura según que cosas, y la inacción, el tirar para delante de cualquier manera empeora esas cosas. Nunca intentaría curarme un brazo roto por mis propios medios. Pero los males de la mente, no entiendo por qué, se me antojan diferentes. Al fin y al cabo, llevo viviendo toda la vida conmigo mismo.

Se que éste post es difícil de comprender, pero necesario. Sigo adelante. Soy más grande de lo que creo. He de creer más en mi.

Voy a conseguirlo. I know that nothing can stop me.

Still will be waiting for you

And you may find your place to run to
In winter frosts,
your bed to climb to 

But I have seen down deep inside you
They won't love you
quite like I do 

Look around, something real
Touch something you can feel
I found my dreams were ordinary
Let me turn to sand
Still will be waiting for you
Still, it will be there

Long Higway / The Jezzabels

sábado, 8 de noviembre de 2014

Lluvia

Hoy he prescindido de la pastilla para dormir y me desvele y acabe sentado junto a la ventana, viendo llover y twitteando. Volví a la cama y he dormido razonablemente bien.

Lo que tenía a mis pies es un hospital enorme. Tuve un pensamiento feo. Falso. Que iba a acabar, por lo mío, en un hospital. En la planta de psiquiatría. Pero pensé NOO. Así que pedí mentalmente por la gente que pasaba la noche en el hospital, bien como pacientes o bien como profesionales.

Me puse a ver bicis (nada raro en mi) y logré dormirme. No se cuanto he dormido, pero he descansado.

Sirva este post de homenaje a todo el personal, desde el primero al último, de los hospitales, centros de salud, emergencias. Un abrazo para todos.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Remedio contra la melancolía

El fin de semana largote empezó y continúo de forma un poco complicada. El ánimo ha tenido altibajos dignos de una montaña rusa. Marta, a eso lo llamo "rebotar". Pasar de la euforia a la tristeza en un mismo día.

Hay cosas que siempre me animan, los trenes y las bicis. Y recorrer sin rumbo ciudades nuevas. Empecé con un pequeño paseo en cercanías y, dejandome llevar, alquile una bici. Pasear en bici fue una de las alegrías mas grandes de éstos días. Me relajó. Me permitió "no pensar de más".
He encontrado la bici que alquile en internet.

Y en la otra foto la unidad en concreto. Gris oscura, como el día, pero me encantó rodar con ella. Sin casco (que no debería) sin guantes ...


Caprichos (5)

Silvana despierta tendida en una cama que extraña, pero a la vez es cómoda. Por un instante, tan corto o tan largo como un parpadeo (o como un beso fugaz en los labios) piensa que hace tiempo no puede llamar a ningún lugar su casa ni siquiera a ninguna cama, su cama. La tristeza se desborda en su interior. Agua. Agua helada y amarga saltando diques hechos con sacos terreros e inundando su conciencia.

-No voy a llorar.-

Intenta dibujar una sonrisa en sus labios. Son finos y delicados. Como toda ella: delgada, flexible. Roza los 170 cm, bastante para una chica. Acostumbra a llevar el pelo muy corto. Aunque se ha teñido muchas veces, ahora luce su color natural, pelirrojo. Ojos azules, entre azules y verdes mejor dicho. Se siente frágil, aunque sabe que guarda en su interior una gran fortaleza, tanto física como mental. Y sus sentidos son precisos. Estremecedoramente precisos. Literalmente, puede leer las mentes. Es su don. Y su castigo.

La habitación en la que ha despertado podría pasar por una habitación de hotel. Pero también, por una habitación de hospital. O la celda de una cárcel.

A new day has come

Podría intentar escribir la entrada en inglés, pero aún escribo demasiado despacio. Esta amaneciendo. Miro la actividad de una ciudad distinta desde una habitación de hotel. La gente que camina por la calle en dirección a su trabajo. Los trenes de cercanías (sobre todo ut 465, Civia) que pasan en la lejanía. Los camiones de reparto que acuden a entregar sus mercancías. Algunos isotérmicos con frío.

Me siento un poco raro (revuelto) como ayer. Antes de desayunar he predesayunado unas galletitas saladas para poder doparme. Y ahora escribo junto a la ventana, mientras la ciudad despierta a mis pies. Me siento afortunado de estar vivo. Y de que haya gente a mi lado (físicamente o virtualmente) que me quiere y a la que quiero.

Buenos días a todos.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Caprichos (parte 4)

Silvana se estremece y el miedo, una descarga amarga y violenta inunda su ser. Cuando sus ojos logran acostumbrarse a la luz, acierta a ver a Virginia. Lleva una potente linterna en la mano derecha y, a su espalda hay dos personas más, a las que no ha visto nunca.

Sus sentidos, todos ellos, vuelven a estar operativos al 120% tras ese amargo despertar. Virginia está enfadada, cansada, quizás hasta furiosa. Sivana tiembla y no puede evitar volver a orinarse encima.

Virginia se acerca a ella, despacio.

-Tranquila, por favor. No vamos a hacerte daño. Es mas, me repugna haberte dejado atada aquí. Pero era necesario. Debías comprender que eres parte de nuestro equipo y que no puedes escaparte.-

Se agacha junto a ella, en cuclillas, y le acaricia el rostro. Parece no importarle ni el hedor del lugar ni el intenso olor a orina de su propio cuerpo.

-Voy a desatarte ¿de acuerdo? Después podrás asearte y cambiarte de ropa. Además me acompaña una médico que comprobará tu estado. Nos espera un viaje muy largo.-

Virginia corta las bridas de plástico que aseguran sus pies y manos y le ayuda a ponerse en pie. Entonces otra mujer se acerca a ellas. Debe ser la médico.

-Os voy a dejar solas. Tranquila, por favor.-

La medico tiene un gesto entre concentrado y amable. Le ayuda a quitarse la ropa y a asearse con toallitas húmedas. Después le proporciona ropa limpia. Silvana se siente mejor. Un poco mejor.

-Puedes sentarte aquí-

Una silla plegable de color azul. Sivana se sienta. La medico le tiende una botella de agua. Bebe con rapidez, tiene sed. Y después le da algo de comer, unas barritas de cereales.

-Ahora voy a auscultarte y a tomarte la tensión-

Comprueba su pulso, le toma la tensión y coloca en la yema del índice de su mano derecha un curioso cacharrito, una especie de pinza. No puede evitar leer en su mente cómo se llama eso: es un pulsioxímetro.

-Quedate aquí, por favor-

La medico se marcha y vuelve a los pocos segundos con Virginia y otro hombre. El hombre le da miedo. No es otro médico. Aunque no lleva uniforme, es un soldado. Una especie de soldado. Y va armado.

-Sivana, vamos a salir de aquí, al exterior. No intentes escapar. Por favor-

-No lo haré. Lo propeto-

-Espero que ésta vez cumplas tus promesas. Por nuestro bien y por el tuyo-

Por fin salen al exterior. Esta anocheciendo. Gracias a lo que ve y a los pensamientos que puede leer en las mentes de las personas que tiene al lado comprende dónde está. Los aseos de una antigua estación de tren, apenas un apeadero, abandonada. Sin uso. Los andenes siguen allí, pero no hay rastro de las vías, solo un lecho de grava.

Rodean los edificios de la estación. Silvana se deja llevar, obediente. Como una oveja. No le queda otro remedio.

En una amplia explanada frente a la estación hay un helicóptero de color gris. La médico lo conoce bien. Quizás no esa unidad en concreto, pero si otras.

Cuando quiere darse cuenta está en el interior. Le ajustan los arneses de seguridad del asiento.

-Silvana, estás muy cansada y necesitas dormir. Te voy a dar una pastilla y te quedarás dormida en pocos minutos-

Sabe que es una verdad a medias. Necesita descansar, pero sobre todo quieren que se duerma para que no sepa a donde la llevan.

Una diminuta pastilla, un trago de agua y en pocos minutos duerme. Entonces el piloto pone en marcha los potentes propulsores del helicóptero.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Despertares

Al salir del portal me he encontrado con una vecina y la he saludado con un enérgico buenos días. Suelo hacerlo casi todo con mucha energía y así me va. A ella le ha soprendido mi tono de voz, firme y alegre y que sonriera. Me ha dicho que felicidad o algo así. Le he contestado que aunque hace frío y es de noche ya es miércoles y ya queda menos para el fin de semana. Ha tomado su camino y yo el mío. Mientras andaba he pensado qué parte de mi optimismo tiene que ver con el medicamento que corre por mis venas y qué parte con mi determinación de seguir adelante y ser feliz.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Caprichos (III)

Autoequilibrarse. Silvana concentra su pensamiento en respirar despacio y acompasadamente. Y después, intenta, poco a poco, bajar el umbral de percepción de sus sentidos. De todos sus sentidos. Se imagina recorriendo una casa muy bonita al anochecer, cerrando contraventanas, bajando estores, corriendo cortinas. Y cuando el interior se queda en penumbra, un chico muy atractivo le abraza. Un abrazo cálido. Uno de esos abrazos en los que se le antoja que se para el tiempo. El chico sonríe, le acaricia la espalda y el pelo. Su mente es un remanso de paz. Se le antoja que él sólo desea mimarla, darle cariño. Cuando por fin se separan, rompiendo ese bello abrazo, el le lleva de la mano al dormitorio, sin dejar de sonreír y juntos se meten en la cama. Poco a poco, se queda dormida abrazado a él. Lo último que recuerda antes de dormirse es un susurro. Una promesa:

Llevo toda la vida esperándote. Quiero pasar el resto de mi vida contigo, y protegerte, hacerte feliz. Y darte placer. ¿Me enseñarás?

Pero solo es una fantasía. Al despertar la pesadilla continúa. Está atada de pies y manos, tumbada en el suelo sucio de una especie de baño publico. Eso es lo que más le enfada. A unos metros hay tres o cuatro puertas, que dan a sus respectivos cubículos con un retrete. Pero no le han desatado para ir al bajo y ha tenido que orinarse encima. Tiene sed y hambre, y un poco de frío. Y se siente sucia con mayúsculas. Su olfato, preciso (al igual que el resto de sus sentidos) percibe el hedor de los retretes, su propia orina, su sudor. No quiere llorar pero es inevitable. Vuelve a quedarse dormida, llorando. Sus preciosos ojos azules inundados en lágrimas.

Un tiempo indeterminado después, le despertó un desagradable chirrido metálico. Una bocanada de luz iluminó la estancia.

-Silvana, ¿qué vamos a hacer contigo?-

domingo, 2 de noviembre de 2014

Caprichos (II) (un relato)

La jornada laboral termina. Está un poco cansado. Quizás lo que más le agota es tener que relacionarse con sus compañeros y jefes. Pero ahora le resulta más fácil.

-Hasta mañana a todos. Que descanseis.-

Al pasar por delante de Ana, la vigilante de seguridad, decide intentar algo atrevido: cruzar algunas palabras con ella. Solo acariciar esa idea le hace casi tropezar. Empuja la bici, plegada, con la mano izquierda. En la derecha, el casco, la mochila en su espalda. Demasiadas cosas para solo dos brazos.

-Hasta mañana, Ana. Que lo que te queda de jornada sea lo más agradable posible. Que descases.-

-Vaya, no me lo puedo creer. Tres frases seguidas, Mario.-

No puede evitar sonrojarse. Abre la boca, y vuelve a cerrarla. Pero por fin logra articular algo.

-Es que ... Soy tímido-

-Ya me había dado cuenta. Pero además de tímido amable. ¿Sabes? A veces me siento invisible, como si fuera un mueble, una máquina. Hay gente que ni me saluda. Pero tu siempre lo haces, aunque te cueste. Lo creas o no es importante para mi-

Los ojos de Mario se abren como platos, pero a la vez sonríe.

-Verás, tu trabajo me parece difícil. No se si yo podría hacerlo. Y todos los trabajos son importantes. Somos personas antes que trabajadores. Por eso intento ser amable, aunque me cueste.-

-Pues lo consigues. Al 100%. Gracias.-

Ana sonríe. Mario mira su sonrisa y baja la mirada. Sonríe. Murmura un "hasta mañana" apenas audible y sale del edificio. Cuando transpasa el muro que delimita la parcela del edificio, despliega su bicicleta. Casco y guantes. El trayecto hasta el tren se le hace más corto recordando la sonrisa de Ana.

Una vez en el tren prescinde del libro y de la música. Un rincón del vagón, uno de esos asientos plegables cerca de las puertas, su bici plegada junto a él y el recuerdo de una sonrisa. No necesita más.

El tren se detiene mas tiempo de lo habitual en una de las estaciones. Con las puertas abiertas. Fuera anochece. Piensa que qué puede ocurrir. Muchas cosas. No dependen de él, así que intenta no impacientarse. Entonces un sonido inconfundible le llamó la atención. Un helicóptero. Acierta a ver su silueta recortada en la luz del atardecer. Las luces intermitentes. Es precioso. El fuselaje va pintado en tonos grises, cree acertar a ver. A pesar de que vuela a pocos pies del suelo, hay poca luz y no puede adivinar de que modelo se trata. Suspira. Le gustaría estar en su interior.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Sueño

Hoy el sueño ha sido complicado. Y el ánimo está un poco bajo. Pero mañana será mejor.

Caprichos (relato)

El despertador suena a la misma hora de siempre. Eso le da confianza. La rutina. No le gustan los acontecimientos inesperados. Abre los ojos, enciende la luz y apaga el despertador. Contempla un lugar conocido en el que se siente protegido. Su dormitorio. Esta lleno de cosas que le gustan: su preciado ordenador (ensamblado por él mismo escogiendo los mejores componentes) libros, cd's, películas y miniaturas de aviones y helicópteros. Por un momento se imagina a los mandos de un helicóptero. Quizás un Ec 145. En una misión de rescate. Pero no está nervioso. Sabe lo que tiene que hacer y el helicóptero es casi una prolongación de su cuerpo. Pero ...

No es real. Solo es un joven de ventipico años despertándose en una cama demasiado grande para él solo. Suspira. Se le va a hacer tarde. Ni siquiera tiene carnet de conducir. ¿Como va a pilotar un helicóptero?

La ducha le despeja y le hace sentir mejor. Después desayuna cereales y fruta viendo la BBC. Así practica su inglés. Además las noticias son igual de horribles en cualquier idioma.

En la calle es de noche. Le da un poco igual. En un rincón del salón/cocina esta su otro tesoro: su bicicleta plegable. De color rojo. Prefiere colores mas neutros para vestir, ya que no le gusta la atención. Pero se enamoró de aquella bici navegando por internet. Una locura, ya que costaba más de la mitad de lo que ganaba en un mes y cuando la compró ni siquiera sabía ir en bici. A veces se decía que Dios le había creado descompensado. Su mente era casi tan precisa como el procesador de un ordenador de última generación. Pero su cuerpo era torpe. Aun así, consiguió aprender a ir en bici, y ahora, cada día utilizaba aquella pequeña obra de arte hecha de aluminio para ir de casa a la estación de tren y de la estación al trabajo. Ahorra tiempo y es mas ecológico. Además, le gusta ir en bici. Le relaja. Mochila, casco, guantes y a correr, pero sin correr.

En apenas un cuarto de horas ha llegado la estación. La bici plegada apenas abulta y puede pasar inadvertido junto a su jinete en un rincón del vagón. Para que el trayecto se le haga mas ameno escucha música instrumental en su móvil y lee un manual de programación. Cuando quiere darse cuenta ha llegado a su destino. Está amaneciendo y la luz del alba se le antoja preciosa. En diez minutos está a las puertas de su trabajo.

Todavía se pregunta como ha llegado a trabajar en una de las empresas de informática mas importantes del mundo. Su expediente académico sólo era bueno, no brillante. En la entrevista personal se puso tan nervioso. Pero en la prueba práctica lo dio todo. Un ordenador. Lineas de código. Su terreno. Los dejó a todos impresionados. ¿Como alguien recién salido de la universidad podía programar así? Rapidez, precisión, incluso elegancia. Pensaban ofrecerle un puesto de becario, unas practicas... Pero al ver su talento pasó a ser programador junior directamente. Recordaba como lloraba de alegría y emoción cuando se lo contó a su madre.

Desde el primer momento le llamó la atención las extremas medidas de seguridad. Para acceder a la empresa no se utiliza una tarjeta convencional, sino sus huellas dactilares. Y en el hall de entrada hay una guardia de seguridad armada con un revolver. Se llama Ana. Le saca media cabeza (y él mide 170 cm) y observando sus movimientos sabe que podría tumbarle en un instante. Pero es muy amable. Siempre le saluda por su nombre e intenta entablar conversación con él. Le cuesta horrores, pero ahora, es capaz de hablar con naturalidad con ella. Aunque le intimida. Todas las mujeres le intimidan.

Es el primero en llegar. Siempre. Le gusta el silencio de la oficina a primera hora de la mañana. Guarda la comida en la nevera de la pequeña cocina/comedor y se sienta en su sitio. Arranca el ordenador y se sumerge en su medio vital. Las lineas de código.