He visto un coche rojo por la calle, no puedo decir la marca por pudor, me ha parecido precioso, he identificado qué generación era enseguida y eso me ha gustado y no me ha dado ganas de llorar como el 20 de junio pasado.
Me ha parecido precioso, impresionante, a pesar de no ser la última generación. Me encantaría conducirlo y, casi más, hacerle una revisión básica de niveles, presiones, conectar el ordenador de diagnosis (aunque luego me tendrían que ayudar), para comprobar que está todo bien y no hay averías en la memoria. Después subirlo a un elevador (ahí también necesitaría ayuda), para verle los bajos, las suspensiones y los palieres, todo el sistema de escape tan complejo. Supongo que la suspensión trasera será multibrazo.
He dejado de odiar los coches. Los odié al principio del mes de junio pasado y, era algo muy complicado de afrontar para mí, porque tengo la casa llena de cochecitos y de revistas de coches y leer sobre coches me ha ayudado cuando no tenía muchas ganas de vivir.
Ahora puedo leer sobre esa marca y ya no me siento un desastre de persona o por lo menos me siento menos desastre. Me encantaría conducir ese coche hasta el mar con alguien querido en el asiento del copiloto. Y mucho más la versión híbrida enchufable.
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