*Las letras de Búnbury como inspiración para multitud de títulos.
Se hizo esperar. Al menos, incluso en sólo x3 días, había sido aprendido de la espera anterior, y, mientras las listas de marras eran publicadas, me dio tiempo hasta para viajar a Gatolandia. En un día totalmente de otoño, aunque fuera verano, con llovizna, pero aun así, precioso. Ideal para hacer fotos. Probar el Gran Angular o el zoom x3. Para volver a sentir el vértigo en ese precioso mirador. Vértigo por la altura, no vértigo por un vacío interno que te quiere tragar.
Primero no.
Luego si.
Mientras la segunda lista era publicaba, pensaba en posibles alternativas a distancia.
Y, al final, lo que más me llamaba la atención, lo que más me motivaba, fue donde pude obtener plaza.
Desde que comenzara Agosto los objetivos estaban más o menos claros:
- Descansar y recuperarme. Estaba agotado y con bastante ansiedad. Intentar que ese descanso fuera activo y, a poder ser, que implicara socializar.
- Gestionar la maravillosísima prestación por desempleo. Fácil, al menos aparentemente. En la práctica, no tanto.
- Pensar que estudiar en Otoño. Pensar, elegir e inscribirme (de nada sirve pensar si no presentas la solicitud en tiempo y plazo).
- Buscar trabajo.
El año pasado dormía mejor con menos de la mitad de dosis, pero no había ocurrido todo lo que ha pasado éste año.
Lo inesperado. El teleperrete y poder ver el mar y caminar bajo la lluvia en compañía de un ángel que me ha querido y cuidado desde Junio.
De fondo suena Erik Satie. Gnossienne Nº1. El ordenador reproduce un archivo MP3, y, un diminuto altavoz, conectado por USB, llena de música mi guarida en Gatolandia. Me lleva acompañando desde el convulso mes de Julio de 2015. Y, a final de Mayo y en Junio de 2018. Esperando para entrar en rehabilitación, esperas interminables. Creo que publicaré ésta entrada, apagaré el ordenador, e intentaré dormir.



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