Tercera parte. Porciones compuestas de instantes o décadas. De emociones y aprendizaje. No sé en qué parte del camino estoy. Quizás, en un interludio. El barro queda atrás. Y, aún en invierno, los colores estalllan. Y la calma es preciosa.
Escribir sin planear. Una especie de líneas de código, quizás como el ataque Nmap de Trinity en Matrix. Tirando mis propias líneas de código.
La semana ha sido un poco cansada. Sobresaltos de nuevo e indertidumbre. Lo que tenga que ser será. El peor escenario es quedarme en paro, que no sería la primera vez. Como en ninguno de los sobresaltos anteriores (hace cuatro, dos, un año) acabó pasando nada, pues tampoco tiene que pasar nada. Además, que no sería el fin del mundo.
La premisa, como desde 2014, es mantener la calma, y que todo esto me afecte lo menos posible. Tendré días menos buenos, con ganas de llorar. Pero ayer dormí bien. Y hoy seguro que también. Con podcast de misterio y la compañía de un gato.
Al volver a ver Matrix Reloaded me acordé de Venus. Me hubiera gustado ver Matrix a su lado. Pero su recuerdo ya no es doloroso, ya no me pesa.

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