miércoles, 28 de noviembre de 2018

Desde las tripas del pájaro metálico

Ida

La pasajera de la izquierda creo ha pasado miedo en el despegue. Se ha cubierto la cabeza con una bufanda crema casi blanca. Se ha agarrado al reposabrazos derecho. He visto la huella de su sudor en la superficie azul oscura del reposabrazos.

Retorno

Desde las tripas del pájaro metálico que vuela. A caballo entre el 27 y el 28. La cabina es un poco estrecha y muy ruidosa. Casi preferiría la carlinga de un caza biplaza, con asientos en tándem. Ocuparía el trasero, de copiloto o navegante, ya que no soy piloto. Si que me gustaría acariciar los mandos, probar a alabear el avión. O tirar tímidamente de timón de profundidad para ascender suavemente. Imaginar todo esto me hace olvidarme de la estrechez y del ruido. Los auriculares ayudan, de todas formas. Quizás una de diadema me aislarían todavía más. Headset. Auriculares con micrófono, para hablar con los controladores aéreos.

(Necesito un retrete con urgencia. Ya queda menos.)

Volar es bonito pero cansado por las esperas. Volver a mi refugio. Tener que pedir cosas se me hace un poco agotador. Soñar, escribir, vivir. Ahora, poco a poco, puedo hacer las tres cosas. Sigo creando mundos en mi mente. Convertirlos en palabras es un poco más fácil.Vivir mi vida también lo es. Me refugio menos en mis sueños. Estoy satisfecho con mí mismo. Con mis pequeños avances. Pinceladas, destellos dulces. Relacionarme con gente. Poco a poco. El viaje ha sido cansado pero bonito. Como 2018. Pero el año no se ha acabado y seguro que es más bonito.

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