lunes, 12 de enero de 2015

T menos 4. Se acerca el día del trueno.

No puedo dormir. Pero eso no es ninguna novedad (por desgracia).

Me siento como un niño antes de su primer día de colegio o como un adolescente antes de su primer día de instituto. Aunque claro, ahora como empiezan ESO tan pequeños ¿se les puede llamar adolescentes? I don't know.

El viernes es EL día. Terapia de grupo. Suena feo. Como centro de salud mental o sala de espera de psiquiatría. Lo relacionado con la salud mental todavía se me antoja algo tabú. Quizás por mi miedo a perder la razón. Quizás porque ésta sociedad y yo mismo relaciona "problemas mentales", con esquizofrenia, brotes psicóticos, alucionaciones visuales y auditivas etc etc etc.


 El sábado con mi nueva montura "de batalla", mi rodar errático, sin rumbo, me llevo al lado de un gran centro psiquiátrico de la zona sur. Pero fue diferente. Me imaginaba que, si viviera allí, me tocaría acudir a ese lugar para ponerme bueno. El edificio se me antojaba hasta bonito, con paredes en color crema. Estaba más concentrado en encontrar mi camino hacia la estación de cercanías, disfrutar del paseo en bici y hacer fotos nítidas con el móvil que en los pensamientos negativos, que apenas existían.



Nada que ver con cierta madrugada de Noviembre. Prescindí de la Pastilla De La Gloria Bendita (esa en en 10-15 minutos te hace dormir, aunque sea uno-de-esos-días en los que sabes no te va a ser fácil, o no va a ser posible). Como en la canción de Manolo García miraba cuadros que eran puertas cerradas recostado en un divan de hotel, de una ciudad del sur. En mi caso, no podía dormir, y estaba viendo llover desde una planta alta, una cuarta planta o así, sentado en una silla al lado de la ventana. A mis pies se extendía un enorme complejo hospitalario. Lo que más me llamaban la atención eran los pequeños camiones aparcados allá abajo. Por las mañanas resultaba muy entretenido contemplar el trasiego de vehículos. Pero de noche y desvelado, todo estaba demasiado en calma. Me vino un pensamiento muy negativo. Pensé que mi mal iba a empeorar tanto que acabaría en un hospital, en la planta de psiquiatría y sedado. Imaginé cómo me sentiría, el desconcierto, el miedo. Imaginé la pena de mi familia al verme en ese estado. Imaginé no ser dueño de mi vida, puesto que los médicos decidirían por mi.

Twitter y ver bicis en la tablet consigió que dejara a un lado esos pensamientos negaticos (como me dijo mi médico, no son tus pensamientos, son los pensamientos de la angustia).



Estoy mejor. No bien. Las cosas importantes raras veces se arreglan en pocos meses. Hoy hace tres meses y medio que empecé a tomar la medicación. Sinceramente, y a pesar de algunos pequeños efectos secundarios, me hace sentir mejor. Y ser más abierto. Ayer necesitaba una cámara de repuesto para mi bici y fui a ese lugar donde me dejaría el sueldo. A parte de lo que iba buscando, como no, me puse a ver bicis. Un hombre unos 50 años o más me pregunto por el precio de una bici. Se le hacía barata. Además, ver el mismo modelo en varios colores le llevaba a confusión. Salvo los mandos de cambio (Shimano Revoshift en una y Grip Shift MXR en otras) eran idénticas. Se lo expliqué, me comentó para qué la quería (lo que todos ... salir a pasear los fines de semana con un familiar). Como bici de montaña sencilla, de batalla, se me antojaba perfecta para él. No tenía cierre rápido trasero (un problema si pinchas en medio de la nada y no tienes una llave plana de 15 mm, voluminosa para llevar en la bolsa de herramientas), el único detalle mejorable. Fue mi compañera en una inolvidable tarde sevillana. Soy feliz sobre una bici.

En otra ocasión le hubiera contestado con un monosílabo, me hubiera alterado, puesto nervioso. Un extraño hablándome. Pero estaba en mi medio natural, rodeado de bicis que mi mirada experta analizaba, y la suma de ese aplomo o calma que voy cultivando poco a poco, y la ayuda química que trabajaba desde mi interior, hicieron que fuera un momento agradable. Me despedí de el y seguí con mis pequeñas compras. Sonriendo.

 Temo quedarme en blanco cuando llegue ese día. Por eso tomé notas, con un boligrafo verde, el color de la esperanza. Supongo que me pondré un poco nervioso. Quizás no encuentre sitio donde aparcar cerca del centro de salud, pero me da tiempo a ir a casa, dejar el coche y volver caminando o mejor en bici. ¿Cómo serán los compañeros de terapia? ¿Se me hará largo? ¿Se me hará corto? ¿Notaré mejoría a corto plazo? ¿Me pondré triste? Escuchar, hablar y aprender. Es lo que pretendo. Tengo ganas de empezar. La impaciencia me puede. Pero ya queda menos. Uf. Estoy en el camino y, los caminos difíciles tienen su encanto. Ponen a prueba tus fuerzas y tu habilidad.



Me he propuesto éste año ser un poco más sociable y lo estoy consiguiendo. Algo sencillo como desayunar con mis compañeros (los que merecen la pena). Quizás deba buscar algún tipo de actividad física compartida, como natación o similar, que me canse y me relaje, y a la vez, sirva de excusa para conocer gente nueva. Como el curso de inglés de los viernes. Al menos, ahora hablo por teléfono con gente que me importa. No es verdad que no sirva para nada. Se escuchar y aconsejar dentro de mis posibilidades. Que te escuchen. Eso no soluciona tus problemas, tu situación, pero hace sentir mejor. Desde luego.

Buenas noches y buena suerte.

4 comentarios:

  1. No temas a la curación, esos grupos te ayudarán a mejorar.

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    1. No temo a la curación. Más bien al contrario. Temo quizás a la incertidumbre. Quiero empezar ya!

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  2. Después del primer día, y de haber pasado unos días, ves la de cosas que puedes hacer, y cómo hacerlas para mejorar. Ya verás qué bien te viene esta terapia. ;)

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    1. Tengo sabias directrices. Se que debo ir a lo mío, no concentrarme en los demás, evitar recrearme en la tristeza y enfrentarme a las situaciones que me desagradan.

      Pero ufff. Se lo que debo conseguir pero no como.

      Gracias por tus palabras

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