Durante el confinamiento y durante los estados de alarma varios eché de menos venir aquí. Aunque no fuera a hacer gran cosa: descansar en un sitio muy bonito, amplio, tranquilo. Sentarme a leer en el patio. Pasear. Ver fotos y vídeos en esa CPU vieja, como pensaba en 2007 o 2008. La verdad, es mucho más cómodo un ordenador sobremesa, aunque sea antiguo, que un viejo portátil. ruidoso, y que tardaba en arrancar una eternidad (en arrancar y, sobre todo, en apagarse).
Aquí estoy de nuevo. Mis laaargas vacaciones poco a poco se van acabando, pero quedan un montón de momentos preciosos. Además, en septiembre estaré montando y desmontando cosas, algo muy bonito.
Junio y Julio suenan así. Recuerdo volver del psiquiatra, en el familiar camino desde el hospital al metro, hablando por Twitter sobre El espíritu del vino con una personita. Un día de lluvia y de emoción y de ecos potentes y poderosos. Y pude caminar hasta esa conocida tienda de deportes y ver bicis azules y refugios aguamarina.
Nunca pensé que unos pocas semanas después podría poner cara a esa personita y que acabaría siendo alguien muy importante para mí. Y que podría leer dos de sus libros.
Que acabaría siendo mi amiga. Gracias.
La primera dosis de la vacuna (con un poquito de miedo, pero muy poquito) también sonaba en los auriculares Héroes del silencio. Y el camino de ida y de vuelta con la máquina verde, que es lenta y tosca, pero le tengo mucho cariño, igual.
La vejez de los pueblos de estirpe divina, Y sus verdades olvidadas, La malilla de diamantes, Hacia la hoja de palma, A través de la radio temblé.
Y pagar con la moneda de la curiosidad, En el suministro de charas, Masturbación de interrogantes, Para sólo escuchar, Un susurro de hilo de plata,
Cegados por la voz de la inexperiencia, Nos arrastramos sin pensar, A lomos del desierto hacia las cavernas, Las huellas del peregrino me guiarán.
Mi ciudad estaba muerta antes de nacer, Pura sangre desbocado, Detesto a los tibios de vocación, Y dicen que a la fuerza ahorcan,
Cegados por la voz de la inexperiencia, Nos arrastramos sin pensar, A lomos del desierto hacia las cavernas, Las huellas del peregrino me guiarán, Ningún otro cielo en la tierra, Cruza la cara al sí y al no, Dejando condena y cadenas, Del lado opuesto a la razón,
Y los placeres de la pobreza han vencido, A mi burlada revolución, Y los placeres de la pobreza han vencido, A mi burlada revolución,
Cegados por la voz de la inexperiencia, Nos arrastramos sin pensar, A lomos del desierto hacia las cavernas, Las huellas del peregrino me guiarán, Ningún otro cielo en la tierra, Cruza la cara al sí y al no, Dejando condena y cadenas, Del lado opuesto a la razón
Al final la clave es fluir. Que es complicado, pero parece tan sencillo con muchas horas de sueño a las espaldas, y mucha calma, y personitas que me quieren a ambos lados de la pantalla.
Al final sois muy importantes para mi. Interacciones indirectas y a veces muy directas.
Pensando en volver a una pequeña parte del mundo, a lugares que ya visité el año pasado y a otros lugares nuevos y preciosos.
Fluir. Como una dirección suave y precisa.
Casi lo había olvidado, pero ya son 7 meses sin medicación. Con frío, ahora calor, inicio de primavera y verano, dos evaluaciones, exámenes de última hora, vacunas .... Ahora ya pienso en las prácticas, pero con unas vacaciones muy bonitas antes.
Me parece que fue ayer cuando hice el último examen y conducía emocionado de vuelta a casa pensando en todo lo vivido y sentido en el último año. Se daban la mano pasado y futuro.
Ahora llevo varias semanas de vacaciones, de tiempo intrascendente pero dulce, de compartir momentos con los que me dieron la vida.
Y de amistad. Es maravilloso descubrir sensibilidades parecidas. Conectar. Compartir momentos. Compartir miedos. Ayudarse.
Esa sensación de "no saber que hacer" me duró una mañana, o menos. Acabo de comprobar una pequeña gestión. En mes y medio estaré trabajando.
Ayer veterinario. No se quién lo pasó peor: si el gatito o su compañero humano. Está de nuevo a dieta (más estricta) y he de cuidar sus encías. Es mi compañero de vida gatuno.
Y los días son dulces y preciosos. Desde leer revistas muy interesantes a montar un lego. O a disfrutar del DFN, de no hacer apenas nada y ver deportes y series, a pasear. Y soy un poco más sociable. No me siento solo, entre el gato, mi familia y amigos que están cada vez más cerca.
He rebuscado entre viejos correos electrónicos. De hace justo un año. El final. Preferiría que todo esto, la pandemia, las decenas de miles de muertos, el paro, no hubiera pasado. Pero a mi me ha permitido buscar un nuevo yo. Me imagino en unas semanas reparando coches en un moderno taller. Y me apetece mucho, aunque tengo una punzada de incertidumbre sobre si lo haré bien. El año pasado empezaba a pensar en volver a estudiar y, a principios de curso, tenía miedo de no poder ir a clase por la ansiedad y después de no aprobar ningún examen. Soy inteligente, maduro y hábil con herramientas en las manos. Seguro que todo va genial. Seguro que si.
Se acaba un Julio tranquilo y precioso. Lo opuesto al año anterior. Creo que sólo algunas interacciones sociales preciosas han sido puntos en común. Mientras el año pasado me agotaba y usaba toda la medicación de la que disponía solo para poder dormirme (y tampoco lo conseguía demasiado), ahora duermo muchas horas, descanso, viajes preciosos, lecturas varias, hablar con personas preciosas ... Y estar con mi familia.
Disfrutar de conducir o de algo tan sencillo como ver fotos o vídeos en un ordenador viejo.
Héroes del silencio suena en un pequeño (pero potente y nítido) altavoz. Silencio, tranquilidad ...
Buenas tardes y buena suerte.
Ahora que el camino es suave, puedo escoger cubiertas más lisas y rodadoras.
Estoy rebuscando de nuevo en el ordenador revivido. Es lo que soñaba en 2007: una CPU vieja y una pantalla para poder ver fotos, escuchar música, ver vídeos, escribir. Ahora resulta que además con un pequeño adaptador wifi puedo usar el móvil de modem y navegar.
Nostalgia.
Soy diferente a mí yo de 2008 y 2009. Han pasado 12-13 años y me parece un siglo.
Ya no recuerdo el último momento de ganas de llorar. ¿Quizás en Enero al dejar la mirtazapina? O en Noviembre del año pasado. O el vértigo de esas 60 preguntas. Cuando ya has acariciado el cielo de algon deseado y queda un último trámite.
Ahora siento que conecto con unas pocas personas y es maravilloso. Estoy en un lugar precioso. Descansando. Tengo cosas que leer: viejas revistas y un libro precioso que me regalaron el lunes.
Creo que en 2008 me desconecté definitivamente de mis conocidos de aquí.
Todo el mundo hablando de relaciones, parejas, trabajos e hijos y yo me sentía tan solo y con esa sensación de tristeza infinita.
Me siento bien, he dormido muchas horas y es precioso.
Salgo de mi cárcel o refugio, de bicis, libros, revistas, un gatito, series, música. Y descubro que, al otro lado del espejo, hay personas a las que mi compañía les agrada. Y el camino iniciado desde hace muchos años, da sus frutos. Seguir en tratamiento después de hace 3 años largos, aunque ahora lleve más de 1/2 año sin medicación.
Gracias por ser mi amiga.
Es maravilloso compartir minutos y momentos mágicos con personas preciosas. Y sentir que tengo cosas en común.
Cuando estás a punto de caer de boca en el barro, una pequeña ayuda, que te cojan de la mano, unos mimitos, un abrazo, que alguien te ajuste la capucha y te suba la cremallera del abrigo, bajo la lluvia ... Pueden marcar la diferencia.
Un pequeño impulso. Acortar las noches. Escuchar. Comprender. Crear jardines con estanques y piscinas donde pasar a la sombra los días más asfixiantes del verano.
Hoy no me he quitado el pijama en todo caso la día. Justo lo que dicen que no hay he hacer. Estoy en mi otro refugio. Que es muy yo, pero aún más tranquilo. Parece otro mundo, pero a hora y media de una ciudad enorme.
Me pasó hace casi dos semanas. El "no saber que hacer con el tiempo". Habría agradecido mucho una semana de vacaciones hace un año, cuando arañar solo un día y poder ver la psiquiatra me sentó muy bien.
Pero hay muchas cosas que hacer. Descansar, ver series y películas, ver ciclismo por televisión. Leer revistas y libros. Escuchar podcast. Hasta volver a escribir. Y, entre días y venidas, casi como hace dos años, se pasan los días. No he vuelto a tener esa sensación de no saber que hacer con mi tiempo. Y es maravilloso.
Llevo durmiendo perfecto creo que desde octubre del año pasado. Eso son nueve meses. Muchos meses.
2019 fue precioso, pero al final hacia lo mismo que los años anteriores. Aunque fuera más sociable y "mejorara mi yo" con talleres literarios ... Estaba trabajando. El año pasado volví a estudiar. Y ni soñaba poder ir aprobando todos los exámenes, además con nota.
Ahora a tomar aire, a dormir muchas horas y a sonreír.
¿Qué queda después de cruzar la meta? Más de lo que había soñado en un ya lejano Septiembre u Octubre del año pasado. No sólo aprobados, sino buenas notas. Prácticas muy interesantes confirmadas. Dormir bien. Dejar la mediación. Estar a gusto con mis compañeros.
Si, necesitaba tiempo para descansar, pero no estoy acostumbrado a tanta inactividad. Tendré que acostumbrarme. Buscar empleo cada mañana (por si surge alguna oportunidad de trabajo para el verano) y el resto del tiempo, hacer ejercicio, pasear, ver series y películas, deportes por televisión, escribir, escuchar música, viajar a mi "paraíso interior" y, sobre todo, mantener la calma.
En un par de meses empezaré a convertir del todo un sueño casi imposible en realidad y a hurgar en las tripas de preciosos vehículos, seguir aprendiendo, crecer como persona y como profesional.
Lo que soñaba hace algo menos de un año, después de la pesadilla.
Me recuerda todo esto a 2012, pero nada tiene que ver. Entonces incluso abril se me hizo largo, aunque tuviera enseguida cosas que hacer y viajes preciosos.
La última vez que me pusieron una vacuna, acababa de tener un contacto íntimo inesperado con una barra de acero que acabó en brecha impresionante, puntos y antitetánica. Ésta vez fue algo esperado y mucho más agradable. Apenas un leve pinchazo en el brazo izquierdo, cerca del hombro. Y esperar unos minutos en el salón de actos.
Me siento bien: un leve dolor en el lugar de la inyección y nada más. Me siento bien en generar. He podido dormir muchas horas, pero no tengo ganas de dormir todo el rato. He limpiado, puesto lavadoras, cambiado la cama. F1, tour, mucho deporte por televisión. He vuelto a escribir (casi un año después).
Dormir sin reloj. Leer viejas revistas y otras que no lo son tanto. Leer libros. Ver vídeos guardados en las tripas de un ordenador reciclado. Pasear a pie y en bici. Escuchar viejos podcast. Y hasta ver las motos gracias a la magia de Internet, que hay cobertura decente en España Vaciada.
La calma es preciosa.
Y, sobre todo, pasar tiempo con los que me dieron la vida.
Es precioso estar en calma y disfrutar de las pequeñas cosas. Y hace fresquito y todo es sencillo y fluido.
Paraísos cercanos. Así se llamaba un documental de la2, sobre viajes.
Estoy en mi paraíso cercano particular, un lugar muy tranquilo, fresco y amplio. Lo que soñaba en Abril, estar con mi familia, comer cosas ricas, dormir muchas horas y leer viejas revistas, lo he podido hacer.
Y con el orgullo de decenas de asignaturas aprobadas y buenas notas.
Camino del psiquiatra me enteré de que faltaba un último detalle antes de poder dar por terminado el curso y disfrutar de lo conseguido y descansar. Ayer no me preocupó apenas nada (estaba en medio de la burbuja preciosa de calma que tiene lugar tras la consulta. Y, aunque había alguna estrategia común, decidí intentarlo por mis propios medios. Confiando en PDF's y apuntes varios y hasta en Internet.
Me agobié un poco, pero estaba hecho y aprobado. El último obstáculo. Por fin. Al fin.
Un eco. Un recuerdo que evocar, a veces en los peores momentos y otras en los mejores. La vibración que deja en el aire una nota de piano grave y profunda.
Hoy era un momento de compartir alegría y retos superados en consulta, más que un puro desahogo. Al final, todo este camino lo he andado yo. Y me sirves de impulso. Valoras mis progresos de forma objetiva.
Gracias.
Compartir lo superado, disfrutar, darme cuenta de que confiaba más en mí que yo mismo (algo que debo trabajar).
Hablar de miedos profundos, de los días en que no quise ser.
Hablar de una amiga especial que me ha acompañado en todo este año. Las sonrisas con los ojos.
Muchas veces he salido de consulta muy revuelto. Otras, como hoy, con una sensación de calma y de satisfacción y de orgullo muy dulce y muy profunda.
Gracias por acompañarme en mi camino de aprendizaje.
9 meses. Comenzaron con muchísima ilusión y ZBS confinadas. Muchísimas dudas, libros, ropa de trabajo, máster en mascarillas y guantes. Dudas. ¿Voy a poder? ¿La mezcla de ansiedad y tener el doble de años que mis (maravillosos y maduros y amables) compañeros sería un obstáculo imposible de salvar?
Seguí con mi teoría de "lo voy a intentar, aunque me parece muy difícil". Y, poco a poco, logré encontrarme mejor, bajar poco a poco la medicación, afrontar las primeras tareas, talleres y exámenes. Más de la mitad del curso pude completarla sin ningún tipo de paraguas químico corriendo por mis venas. Y la edad demostró no ser un inconveniente. Soy un poco más maduro y, poder calmarme con más facilidad me hizo los exámenes mucho más sencillos que en COU (ha pasado un siglo desde entonces) y, sobre todo, que en ese "ogro malo" llamado Selectividad.
Mañana toca otro examen (aunque, en realidad, no lo es, simplemente explicar mis muchos avances) y, entre tanto, a seguir disfrutando de lo conseguido.
Escuchar llover despacio desde en interior de una habitación en la que no estaba desde el año pasado. Frescor, olor a tierra mojada, la música de la lluvia. Muy calmado y disfrutando de los logros conseguidos.
La lluvia es preciosa cuando no llueve por dentro.