Esa sensación de "no saber que hacer" me duró una mañana, o menos. Acabo de comprobar una pequeña gestión. En mes y medio estaré trabajando.
Ayer veterinario. No se quién lo pasó peor: si el gatito o su compañero humano. Está de nuevo a dieta (más estricta) y he de cuidar sus encías. Es mi compañero de vida gatuno.
Y los días son dulces y preciosos. Desde leer revistas muy interesantes a montar un lego. O a disfrutar del DFN, de no hacer apenas nada y ver deportes y series, a pasear. Y soy un poco más sociable. No me siento solo, entre el gato, mi familia y amigos que están cada vez más cerca.
He rebuscado entre viejos correos electrónicos. De hace justo un año. El final. Preferiría que todo esto, la pandemia, las decenas de miles de muertos, el paro, no hubiera pasado. Pero a mi me ha permitido buscar un nuevo yo. Me imagino en unas semanas reparando coches en un moderno taller. Y me apetece mucho, aunque tengo una punzada de incertidumbre sobre si lo haré bien. El año pasado empezaba a pensar en volver a estudiar y, a principios de curso, tenía miedo de no poder ir a clase por la ansiedad y después de no aprobar ningún examen. Soy inteligente, maduro y hábil con herramientas en las manos. Seguro que todo va genial. Seguro que si.
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