(Publicado en otro blog en la primavera de 2012) Una eslinga no sólo sirve para tirar de alguien, también sirve para que tiren de tí. Tu has tirado de mi, yo tiro de ti. A veces este mundo es una mierda. A veces todo es oscuro en nuestro interior. Un inmenso e inabarcable mar de arena blanda, de incertidumbre, de desesperación, de amargura. Pero estoy a tu lado. Somos dos pilotos del raid de la vida, a veces con las motos hundidas hasta el cubrecarter en la arena, ayudándonos. Tu te orientas mejor. Yo quizás tenga un pilotaje más fino. Nos ayudamos en lo que podemos.
-Cuando veo llover imagino que la lluvia escribe sobre el suelo miles de frases, siempre distintas, porque siempre llueve distinto ¿te has fijado? Y me imagino que puedo pedir un deseo: elegir una de las infinitas frases que las nubes escriben en el polvo, y que ese deseo se convertirá en realidad.
(Diálogo de "Y decir alguna estupidez como por ejemplo te quiero")
(Cuando rebauticé mi segundo blog, en el otoño de 2005, ese diálogo, y esa foto fueron mi inspiración)
Octubre. 2005. Finales. Parece que ha pasado un siglo de todo eso. Uno de esos meses.
El tiempo pasa y desdibuja los recuerdos. Pero quedan sensaciones agridulces. Desbordado. Tristeza. Noches de dormir muy poco. Ganas de ocultarse bajo el edredón o bajo la tierra y no despertar.
Intentar ser positivo. A pesar de las ganas de llorar y de no ver a nadie. Escalones del grosor de un céntimo de euro que se me antojan cortados de dos metros de altura. Pero seguir adelante. Y volver a conducir. Los días de lluvia. Los atascos. El camino recorrido una y mil veces.
Los calendarios. Calendarios y recuerdos. Entonces, un pequeño paréntesis. Pasear y hacer fotos. Casi como ahora. Todo es igual, pero es distinto. YO soy distinto.
Ojos de gato. En las revistas de motos (muchas veces mi refugio), la preciosa Yamaha R6. Faros rasgados. Ojos de gato. Recuerdos que llaman a recuerdos. Y personas a las que quiero.
A pesar de todo me acuerdo de ti. ¿Dónde estarás? Espero que todo te vaya bien, que hayas recuperado tu salud y que tengas un nuevo trabajo que te llente. Y gente agradable a tu lado.
Cuando veo algo que seguramente te gustaría pienso "esto te gustaría". Muchas veces hablo contigo mentalmente.
Allá donde estés seguirás derramando tu luz y haciendo del mundo un lugar mejor.
2006 o 2007. Quizás enero de 2007. Volviendo a casa con la máquina roja. Y escuchando Who wants to live forever. Otra de esas canciones.
Si, está claro que socializar y ser el alma de las conversaciones y aparentar no se me da bien. Demasiado introvertido (por no decir asocial) y directo. Pero hoy ha sido otro de esos días en que me siento razonablemente orgulloso de mi mismo. Sin llegar a la soberbia. Preguntas, te preguntan, ayudas y te ayudan, ese es el ciclo. Reciprocidad. Te pones los cascos y al lío.
A pesar de sentirme fuera de lugar en algún momento, la mañana transcurrió de forma fácil y fluida. Fácil. Esa es la palabra. Sin nervios. Mi cuaderno mágico, notas varias, cosas por aprender y chimpún. En otra ocasión aquel lugar me habría hecho sentir pequeño, me habría incomodado. Ahora, todo lo contrario. Conocía el lugar (eso ayuda, ir de memoria) y como la vez anterior, tenía jinetes que cubrirme las espaldas. Aunque casi fuera el ¿líder de la manada? No lo pretendo, pero soy cuidadoso y meticuloso, y aunque quizás destine más esfuerzos de los necesarios, quien lo ha de ver lo ve.
Tiempo inusualmente cálido, pero luz de otoño. Casi tan bonita como la luz del principio del invierno y de la luz de la primavera.
Sofá, ordenador donde escribir -más pequeño que el portátil de ésta mañana- calma, silencio y Marco.
Que las cosas me afecten cada vez menos y que la hipocresía me de igual ... es para estar razonablemente orgulloso.
Buscar el equilibrio y la calma.
De vuelta a casa vi una bici urbana-híbrida en el tren. Visualmente las bicis de montaña cañeras pueden resultar más atractivas, pero al final para ir de acá para allá una híbrida es más práctica ..
En la plataforma. La primera. Junto a los papeles necesarios para trabajar, un pequeño folleto de scalextric. Miraba los coches y los circuitos en los descansos. Parece que ha pasado un siglo de todo eso.
En otra plataforma, leyendo una revista de coches en un descanso, sentado en las escaleras. Las idas, las vueltas, la silla azul de los viernes. La vuelta a casa de noche, de madrugada. Esa semana y fin de semana de agotamiento absoluto.
Los días buenos, los días menos buenos, el cansancio y las noches de poco sueño.
Pasear por una ciudad medio desconocida tras un agradable viaje en tren. Una cámara de fotos, un walkman, algo de comida y agua, un pequeño mapa en una funda impermeable y supongo que algo para leer. En un escaparate, una preciosa Honda XR 400. Roja con las placas portanúmeros blancas.
Recuerdos.
Estoy muy perezoso. Cambio de temperatura, de luz, días más cortos. Me apetece estar en casa, acariciar a Marco. Vida contemplativa después de trabajar.
Hace muchos meses que la tristeza infinita no me puede. Tengo días menos buenos. Me sigo enfadando, pero menos. Cosas sin importancia me alteran, pero menos. Logro apenas entrar en bucle y desconecto y me relajo mucho más.
El comienzo de año fue complicado en cuanto a sueño se refiere, pero mucho menos que en 2014 o a comienzos de 2015. Es maravilloso dormitar en el tren, dormir siestas o tener que hacer un esfuerzo por levantarse el fin de semana para desayunar, poner una lavadora, ir al gimnasio o ver la televisión. Dormir cada noche, simplemente ir a la cama, leer un poco, escuchar música o un podcast y quedarse dormido. Me suelo despertar alguna vez pero pronto me quedo dormido.
Llegar es complicado, mantenerse aun más ... pero llevo más de dos años en la calma ... y dos años sin medicación. Avanzando poco a poco como un pequeño, pero poderoso, tractor de maniobras.
Me fascinó la diseñadora de recuerdos. Los recuerdos. De 1989 apenas recuerdo nada. No recuerdo la caída del muro. Si esa primera revista de bicis en un kiosko cerca del parque un año después. Los recuerdos.
Paisajes desolados, abandonados. Chatarra. Polvo, lluvia y nieve. Y un perro. Me reconozco en algunos personajes. La soledad, la compañía de los animales, los recuerdos.
La sensación de irrealidad al salir de la sala. Como en 1999. Un cine ahora desaparecido, Canciller. En el barrio donde aprendí a conducir.
Compañeros virtuales. Quizás en el futuro podamos hablar y abrazar a algún tipo de máquina.
Cada año, al comienzo de éste mes, recuerdo lo que pasó, y cómo me sentía. No ha sido un año de tantos retos. Como hace tres años o hace dos, bajando la dosis de medicación y adaptándonos Marco y yo. Pero si pequeños retos. Volver a dormir bien (de nuevo, puedo dormir hasta tarde los fines de semana y es perfecto). Recuperar la calma. No agobiarme. Y mis rodillas no molestan. Estar en calma, estar tranquilo, poder dormir.
Personas que transmiten esperanza, alegría, serenidad. Complicidad. Personas que no saturan, sino lo contrario. Gracias por estar ahí. La primera vez que nos vimos en persona fue en una estación de tren, y desde entonces los reencuentros siempre han estado marcados por estaciones y aeropuertos.
Volví a ese lugar. Las siluetas de las altas torres me resultaban familiares. Incluso parte del trayecto en metro. Recordando tardes de amor.
Los días pasan apaciblemente con una temperatura casi de verano, pero un punto menos agobiante. Rutina, agradable. No dejar que nada me altere o al menos intentarlo.
Un día surrealista y amargo. A la vez un punto de inflexión. Ese día nació éste blog. Y tres años (y un día) después sigo escribiendo aquí (aunque no debería escribir ahora mismo).
Todo lo que pasó entonces, en ese septiembre - octubre lejano e imposible de olvidar, parece irreal.
Me queda mucho por aprender, mucho por crecer y hoy me noto algo más acelerado que de costumbre, pero, aunque parezca contradictorio, la calma habita en mí. Me altero mucho menos que entonces. Duermo estupendamente. Incluso duermo siesta a veces, en fines de semana o vacaciones o me quedo dormido un instante en el tren. La calma. Lograr frenar el torbellino de pensamientos y sensaciones. Que no me importe ni afecte lo que no tiene importancia, aunque sea estridente, como un color chillón o un olor fuerte o el agrio sonido de un martillo neumático.
Ruido. Como el bramido de un propulsor turbohélice a plena potencia.
Pero el ruido está fuera, el ruido ya no habita en mi.
La palabra. Quizás mi herramienta más precisa. Pero a veces ladro más que hablo y me quejo y soy negativo y hago sentir mal a gente a la que quiero.
Mi otro yo al escribir esto pensaría "soy un desastre" pero no es verdad. Si, hay muchas cosas que me dan miedo y el mundo me satura y me parece enorme y horrible. Pero ahora la calma se derrama en mí. La calma es más fuerte de que la ansiedad.
Mi peculiar forma de pensar y las cosas que me atraen y horrorizan a la vez (como las armas o los explosivos) quizás puedan dar miedo.
Soy una especie de monstruo amable.
Sólo se ser yo.
(Y escribo esto y me emociono y mis ojos se llenan de lágrimas)
Se acabó la pausa agradable. Ver lugares preciosos cargados de historia, en buena compañía. O simplemente descansar en el sofá con Marco al lado. Dormir sin despertador. Gimnasio, series, películas. Y ver muuuchaaas bicis. Preciosas y sofisticadas.
En cuanto aterricé de nuevo en la rutina comprobé que nada había cambiado, como no podía ser de otra manera. Me hubiera extrañado lo contrario. No me había olvidado de todo. Desconecté por supuesto, pero seguía recordando como hacer las cosas. Así que me puse con ello, al tran-tran. Olvidar lo negativo y centrarse en lo positivo. Si hay ruidos humanos, subes el volumen de los casos y a correr. Pensar en salvajes bicis de freeride / DH y en los lugares recorridos.
Además la vuelta a casa llega en unas horas. Volver a casa después del trabajo es un momento muy agradable. Y el fin de semana tampoco está muy lejano. Más tiempo para descansar.
De todas maneras no me costó mucho levantarme. Me acosté mucho más pronto de lo habitual y el despertador sonó igualmente mucho más pronto. Una vez fuera de la cama y en medio de la rutina de ducha y vestirse, no moría de sueño. Me desperté algunas veces, nada más.
Ahora de nuevo en la rutina. Sólo una pequeña toma de contacto. Pero me siento útil. Y calmado. Hay cosas desagradables o por lo menos incómodas que no van a cambiar, pero intento me afecten lo menos posible. Además es que no tienen importancia.
Ejercicio, lectura, series, videos y DFN en general. Paseos en bici
Los días son muy agradables con la calma que habita en mi. Poder dormir bien. No rallarme por todo. En pilates, mientras me concentraba en inhalar y exhalar, pensaba que el ejercicio no sólo me sienta bien a nivel físico, sino a nivel anímico. Relaja muchísimo.
Días agradables, de arroz con leche. A veces me releo y no me reconozco.
"Llegando a un control horario con el coche roto (porque así me sentía, roto por dentro) pero aun así intentando acabar el siguente tramo -aunque fuera con el peor tiempo-."
Septiembre de 2009. Uno-de-esos-meses. Rebotando. "De nuevo en la arena, al volante de un enorme camión 4x4 o quizás de un diminuto buggy monoplaza. De nuevo dudar si seré capaz de seguir adelante. Coronar una duna, por pequeña que sea, sentirse alegre, invencible. Alegría tan pura como irreal. Subir hasta la estratosfera, bajar a las profundidades oceánicas de la pena, del insomnio, de los nervios, de las lágrimas que quieren salir y nunca salen. Saber que ni lo uno ni lo otro son ciertos, pero los siento así. ¿Cómo puedes sentir algo y no ser verdad, o no del todo? Siempre con la coraza puesta, con un dedo en la maneta de freno, acariciandola."
He cambiado. Un poquito. Logrado cierta estabilidad, anímica y laboral. Tener tiempo para descansar también ayuda.
Se que no debo regodearme en la tristeza ni en el pasado, pero el blog, y aquel o aquellos que están durmiendo el sueño de los justos, me ayudan a recordar los días menos buenos.
(De nuevo me siento transparente y pienso que cualquiera que me lea puede adivinar quién soy)-
Burbuja de revistas, bicis, ejercicio, mimos gatunos, series.
Cogiendo fuerzas para un nuevo invierno.
Aquí la luz es distinta. Más intensa y cálida. Pero empieza a ser luz de otoño, no de verano. Y la temperatura es deliciosa.
Días agridulces. Cansancio, impotencia, alivio. Minutos eternos, minutos muy cortos. Y dormir.
En el post anterior quizás sonaba un poco demasiado egoista. Encontrarme bien es importante, claro, pero si la gente a la que quiero no está bien de poco sirve.
Ahora, ejercicio, descanso, videos, lecturas y Marco.
A veces me releo y no me reconozco. Es difícil comprender lo que sientes un día digamos menos buenos desde la calma.
Potentes motores impulsan un pájaro de metal en cuyas tripas viajo. A muchos pies del suelo, por encima de las nubes. Recuerdo lo vivido en el viaje. Recuerdo otros viajes. Todavía me queda mucho por aprender. Pero todo, incluidos los viajes, se viven de forma distinta una vez he dejado de rebotar.
Rebotar. En mi propio idioma no significa enfado, no. Más bien, estar alterado. Ser incapaz de dormir. Alegre y triste a la vez. A punto de llorar. A punto de estallar.
Lograr dormir en cama no habitual (y cagar -con perdón- en retrete no habitual). Al final sólo pido eso: estar tranquilo, no alterarme por todo, poder dormir, no tener ganas de llorar a cada poco. Así un nuevo lugar cargado de historia (y de bicis) se percibe y disfruta mejor. De nuevo me dejo llevar, casi como una maleta. Sólo preocuparse de ir, volver, comer, hacer muchas fotos. Libros. Maquetas.
En el estrecho espacio de la cabina las TCP'S se mueven con agilidad. Además de estar preparadas para evacuar el avión en caso de emergencia, sonríen a los viajeros, quizás soportan alguna impertinencia. Están preciosas y agradezco sus atenciones. Por mi parte sólo puedo seguir sus instrucciones, saludar al entrar y salir del avión y poco más. Ya no se si es hoy, ayer o mañana.
Echo de menos a Marco. Mi preciosa bolita naranja. El gato pirata y cariñoso.
Buenos días y buena suerte.
*El por qué del título. Espuma. Algo suave que te proteje de roces o golpes. Aire, aceite. Es lo que lleva la horquilla de mi bici. Para absorber los baches mas gordos. Para dejar de rebotar.
Una semana sin escribir. Una semana sin un ordenador a mano. Ahora todo parece lejano e irreal.
Escribiendo desde un aeropuerto desierto, de madrugada. Increíblemente ruidoso por culpa del sistema de ventilación.
Todo parece lejano e irreal. Los momentos surrealistas habituales. He descansado mentalmente mucho y he desconectado de la rutina, aunque físicamente he andado mucho y ahora necesito tardes de dfn en la agradable compañía de Marco.
Octubre. 1998. Otoño de 1998. El mes no estoy seguro. En un hipermercado. No estoy seguro de lo que tenía pensado comprar. Si lo que me acabe llevando: un traje de agua de PVC, verde oliva y un forro polar gris. El forro polar supongo está guardado por algún sitio. Supongo que, a parte de eso, algo de "material escolar".
En el hipermercado a parte de lo habitual vendían motos. Scooters. Yamaha Aerox, Aprilia Área 51 y ya no recuerdo si una Yamaha Neo's. La Aerox y la Área 51 me llamaban especialmente la atención. Diseño deportivo en la Yamaha y futurista y "espacial" en la Aprilia. Entonces me hubiera encantado pilotar cualquiera de las dos, por las calles de Madrid y por desiertas carreteras que bien conozco. A 50 por hora de marcador habría llegado muy lejos, más que al manillar de aquella vieja bici de carretera.
Recuerdos.
De todo eso han pasado 19 años. Soy una persona básicamente igual pero básicamente distinta.
Un nuevo aliento. Alejarse del patio, de ambiente viciado, hipócrita y surrealista. Recorrer, ver nuevos lugares. Dormir sin despertador. Dormir con Marco a mi lado. Largos paseos en bici, música, lectura, series, películas, documentales.
Un nuevo aliento.
Un nuevo alivio.
(Aunque curiosamente ésta semana me han molestado las rodillas, espero no volver a diciembre / enero)