Domingo, 28 de septiembre de 2014.
Un día surrealista y amargo. A la vez un punto de inflexión. Ese día nació éste blog. Y tres años (y un día) después sigo escribiendo aquí (aunque no debería escribir ahora mismo).
Todo lo que pasó entonces, en ese septiembre - octubre lejano e imposible de olvidar, parece irreal.
Me queda mucho por aprender, mucho por crecer y hoy me noto algo más acelerado que de costumbre, pero, aunque parezca contradictorio, la calma habita en mí. Me altero mucho menos que entonces. Duermo estupendamente. Incluso duermo siesta a veces, en fines de semana o vacaciones o me quedo dormido un instante en el tren. La calma. Lograr frenar el torbellino de pensamientos y sensaciones. Que no me importe ni afecte lo que no tiene importancia, aunque sea estridente, como un color chillón o un olor fuerte o el agrio sonido de un martillo neumático.
Ruido. Como el bramido de un propulsor turbohélice a plena potencia.
Pero el ruido está fuera, el ruido ya no habita en mi.
Buenas tardes y buena suerte.


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