viernes, 7 de agosto de 2026

A new day has come

Amanece en una habitación de hotel. Vemos a un hombre maduro vestido con un pijama gris y verde claro en la cama. Está tumbado hecho un siete, con la cabeza apuntando al lugar donde irían los pies. Tiene cara de cansado. Mira el paisaje mientras teclea en un teléfono inteligente. Una ladera, casas, un río. Un pueblo del prepirineo.

Es una sensación conocida no estar donde estás. Porque hay demasiado ruido. Porque estás rodeado de gente a la que quieres pero no tienes fuerzas para enmascarar ni quieres preocuparles de nuevo.

Recuerdo los malos entendidos tras malos entendidos. De tres noches dormir una "correcta" con lorazepam. El resto, incluso con unas nuevas gotas homeopáticas, lo mismo o menos que en casa. No tiene sentido colapsar en cascada por ver un tren y un paisaje que puedes ver en fotos. Que no es lo mismo, pero no me compensa ni pasarlo mal ni hacer colapsar a la gente a la que quiero.

Hace casi un año me daba pena volver a casa. Ahora lo deseo y me quedan literalmente horas de viaje.

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