Volver al instituto me hace recordar los tres últimos cursos. La ilusión y la novedad del primero. Las tutorías, el proyecto del segundo ... y el final amargo con muchísima ansiedad, ideación, presentar el proyecto sin energía, la última formación de VW, el final de las prácticas ...
Después llegó el tercero. Fue mucho más difícil. Aunque tenía más autoconocimiento, más apoyo a nivel psicoterapia (alguna más útil que la otra), había pasado un verano ... en realidad, 3 meses y medio muy muy difíciles. Ya no tenía energía. La primera semana de clases fui consciente de que el curso era radicalmente distinto al de dos años antes. El espejismo de la pandemia, los grupos desdoblados, las clases semipresenciales y los compañeros más nobles. Recuerdo con mucho cariño, la última semana de exámenes de Junio 2021, ir a almorzar con algunos compañeros a El Pozo. Vamos, ya he dicho dónde estudio, pero sin decirlo.
De septiembre a mediados de febrero, fueron los meses académicos más difíciles de mi vida. Pero pude ser asertivo. Recuerdo con alivio esa segunda o tercera semana de febrero, cuando por fin tuve la adaptación.
No sé si fue un espejismo. Creo que no. La amabilidad desde principios de marzo (sobre todo tras pedir la discapacidad), en abril o mayo ...
Después llegaron las vacaciones, muy necesarias
(Interrupción viernes. Gente viendo vídeos sin auriculares).
Pensaba que me podría costar acostumbrarme a las prácticas, y no fue así. Pero en enero empecé a quedarme sin energía. Fui consciente de ello en febrero.
No tiene sentido pensar en el pasado, en si hice algo mal. Creo que no. Ahora al menos tengo tiempo para descansar.
La rutina o no rutina de la tutoría. La gente que piensa en voz alta y las nuevas dudas. Cuando tendré que pedir la adaptación. El evento. Y la discapacidad. Puede que me concedan un porcentaje útil, puede que no. No sé cuando. No parece probable que todo eso ocurra antes de junio.
Al final lo que puedo hacer es regularme, eligiendo, de entre las herramientas que tengo, las más adecuadas en cada momento. Y tener preparados los informes para cuando llegue ... EL DÍA DEL TRUENO.
Parece que hoy (viernes) será un día tranquilo en lo laboral. Demasiado igual. A menos ahora mismo no hay más ruido que el de la climatización del tren. De todas maneras siento no tener una tableta y poder leer cosas interesantes. Si tengo qué pero no cómo verlo.
La semana que viene es más descansada y además en la sesión creo que podré aclarar los malentendidos. Podremos.
Muchas dudas, y días de menos energía. Tengo sueño, no mucho. Ojalá tener sitio, un puesto de trabajo donde hacer alguna tarea rutinaria.
Al menos tengo donde escribir. Es una pena que ya no se puedan editar las pequeñas web de Google desde un móvil y haya de ser desde un ordenador. En un móvil (lo recuerdo de 2019) se puede escribir mucho.
Me preguntó que pasará en menos de dos semanas. Socializar tampoco es tan desagradable. Pero no es lo que más me apetezca. Me recuerda a la graduación. Cuando yo ya había renunciado a una oferta de trabajo en firme (luego vendría otra más) y estaba concentrado, como ahora, en recuperarme.
El tripe salto mortal de tener preparado todo para pedir la adaptación, seguir aprendiendo y, a la vez, regenerar energía. Pensar que si "todo va bien" en dos meses estaré en una rutina distinta, mejor remunerada, pero más cansada. Es agotador pensar que casi dos años después de que empezara la pesadilla, sigo encontrándome regular, con medicación y con citas en psicología cada dos semanas.
Desde luego, lo que pasó la semana pasada, esa reunión imprevista y el malentendido, lo llevo arrastrando desde entonces. Una semana y un día después.
No es lógico forzarme a salir a la calle entre semana agotado o después de un de un shutdown o un Meltdown. Eso lo tengo claro.
Sinceramente, muchas ganas de descansar, pero no sé si seré capaz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario