jueves, 26 de octubre de 2023

Casi sin cucharas

Ha sido un día agridulce. Quizás por el día lluvioso y oscuro. Quizás por volver a un entorno ruidoso y tener que socializar, aunque sea con gente querida. Conforme iba avanzando los minutos iba desapareciendo la energía y, como en oleadas, iban llegando las ganas de llorar. Como una marea o una avenida.

La necesidad de socializar y de hablar, de comentar cada uno de los detalles de lo vivido. En lugar de ser algo rápido se fue alargando, hasta que, tras una charla con N, me despedí de mis compañeros.

Al llegar a casa, como tantas otras veces en el curso pasado, tenía muchas ganas de llorar. Ya había ido al veterinario a por la pastilla para desparasitar a Marco y pedido cita para un análisis. Así que decidí que no iba a hacer nada más, porque ir a por un polímetro o al decathlon a por un pequeño bolso plegable, se me antojó demasiado cansado.

Una vez en casa pronto me sentí mejor. Creo que fue demasiado tiempo de socialización.

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