La necesidad de socializar y de hablar, de comentar cada uno de los detalles de lo vivido. En lugar de ser algo rápido se fue alargando, hasta que, tras una charla con N, me despedí de mis compañeros.
Al llegar a casa, como tantas otras veces en el curso pasado, tenía muchas ganas de llorar. Ya había ido al veterinario a por la pastilla para desparasitar a Marco y pedido cita para un análisis. Así que decidí que no iba a hacer nada más, porque ir a por un polímetro o al decathlon a por un pequeño bolso plegable, se me antojó demasiado cansado.
Una vez en casa pronto me sentí mejor. Creo que fue demasiado tiempo de socialización.
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