(Si, como el precioso cuadro de aluminio de Vitus, presentado el mismo año que nací).
1800 entradas. Desde el último fin de semana de Septiembre de 2014. Ha pasado un siglo desde entonces y unos cuantos profesionales de la salud y x5 medicaciones (de las que uso 2, tengo una tercera caducada y una cuarta, que fue la quinta, que no me fue bien).
Conseguí ir a la evaluación, aunque no dormí mucho y tenía ganas de llorar. Parecí profesional, se sobre trenes, se montar lego. Y no deja de ser curioso que a un autista le eligieran como embajador del grupo. Fue positivo. Adquirí información y fue un reto.
Estaba agotado pero con una siesta, una lata de bebida energética y los momentos surrealistas habituales pre-clases gracias a mis maravillosos compañeros, conseguí llegar al final de las 4 horas (algo menos) de clase sin demasiado cansancio. Y volver a casa, en coche. El jueves anterior, y una semana antes, fue en bici. Y, ya en casa, acabé de salir del armario autista con mis compañeros, los que ya son casi amigos. Me entendieron y fue precioso.
Esperaba que la ITV fuera un trámite, como lo fue en años anteriores, pero el coche no pasó la prueba de humos y, tras un recorrido a 3.500 RPM, conseguí que la tasa de emisiones bajara a 0,76. La próxima vez iré a Guadalajara a pasar la ITV y le pondré una lata de aditivo para el combustible en el viaje de ida. Pero de nuevo es sumar ansiedad a la ansiedad. Y no parece que en 12 meses pueda tener una nómina (con unas prácticas me conformo) que me permita optar a un coche nuevo, híbrido, o a un precioso Seat León PHEV.
Por la tarde me di un paseo delicioso en bici y disfrute de la bici, del tren y de la ciudad que odio y amo a la vez.
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