Me llamaste muchacho y me hizo ilusión, porque hace como 25 años que no soy un muchacho. Hice lo que mejor se hacer: conducir, acompañar y escuchar.
Supe que estabas dejando este mundo y quise estar al lado de la que diste la vida y a tu lado, porque siento que era mi deber. En un día gris y lluvioso, he llorado casi como nunca, porque tu, de alguna manera, eres mi familia.
He podido expresar (sin máscaras) a quién me dio la vida, lo que ha pasado y he podido conducir de ida y de vuelta, bajo la lluvia y he encontrado la planta y la habitación. Se que no son cosas muy difíciles pero para mi ha sido un triunfo.
Y os he dedicado un trabajo en el que también muestro lo que mejor se hacer: buscar información y escribir.
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