Poco a poco la no-rutina se va asentando. Menos mal que me encuentro bien, sin mucha ansiedad, sin apenas ansiedad. Mi casa es acogedora, es un lugar donde resulta muy agradable pasar muchas horas. El escritorio es cómodo, globalmente el puesto de trabajo es más cómodo que en la oficina. Hay menos ruido, menos gente diciendo tonterías de fondo. Desde luego, con trayectos en transporte público y gente diciendo tonterías en vivo, habría sido a la vez más peligroso y mucho más desagradable. El año pasado, cuando la situación podía ser mala solo en el ámbito laboral, la gente ya entró en pánico bastante más.
Intento cada día hacer lo mismo: me levanto, me ducho, me visto, desayuno. Y luego los días laborables a teletrabajar. Hay bastante incertidumbre y no mucho trabajo, pero lo que tenga que ser será.
Mis salidas de casa son muy espaciadas. La semana pasada básicamente para poder teletrabajar, al médico y a tirar la basura. Ayer poco menos que igual.
Es un compás de espera que me recuerda mucho a Marzo de 2012, incluso al descorazonador Marzo de 2004. De todo eso han pasado 8 y 16 años, un siglo parece.
Mientras tanto a seguir manteniendo la calma. Durmiendo bien y con la compañía del gato pirata. La primera vez que me acompaña tanto tiempo, quitando vacaciones y demás. Esto no son unas vacaciones, es una sensación muy rara semejante al inicio de la primavera de 2012.
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