Soñé que era un deportista profesional. Y me seleccionaban para un mundial o unos juegos Olímpicos. Llegaba a mi dormitorio en la villa olímpica. Una especie de habitación de dos pisos, decorada en tonos azules. Llevaba mucho equipaje. Mi sofisticada bici tipo contrarreloj o triatlón iba desmontada en una maleta especial. Con precisión volvía a ensamblarla. Pero mi fin era otro. Era una especie de espía. Infiltrado. Me sentía en un lugar al que no correspondía. Tenía a cada poco ser descubierto.
La bici quizás fuera de pista, esa preciosa Lotus de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92.
Buenas noches y buena suerte.
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