La consulta.
Ese lugar físico pero que a la vez parece alejado del tiempo y el espacio. Una dimensión a parte. Una puerta a otro mundo que la primera vez da miedo atravesar.
Donde puedo ser completamente sincero sin temor a hacer daño, a preocupar. Donde los pudores, el miedo a que piensen que lo que te preocupa es una estupidez, desaparecen a cada minuto. Con cada nueva cita. Donde desnudar mi alma, desnudarme anímicamente, es a la vez, poco a poco más sencillo, necesario y, reconfortante.
Allí he hablado de mis miedos (infundados), de mi miedo a la locura y a la soledad, de mi temor a llegar incluso a hacerme daño. La llamada del vacío. Literalmente "el vacío me llama". Mis muchísimas dificultades para relacionarme con la gente. La ansiedad desbocada, el insomnio. Pensar que soy un desastre. Tener una idea muy negativa de mi mismo, de mis capacidades.
(Se que no me voy a volver loco, se que no me voy a hacer daño)
Pero también hay lugar para la ilusión, para la motivación. Para ver los frutos de mi trabajo de superación personal y de arañar la pura calma. Espacio para la alegría y para estar satisfecho de mis progresos. Más calmado. Un poco más sociable. Y más confianza en mi mismo y más autoestima.
No hay pastillas ni fórmulas mágicas para la alegría, para no sentir (y quién diga lo contrario miente). Pero si hay espacio para la esperanza. Una vez dada la voz de alarma (que es un acto de valentía y humildad enorme), con trabajo diario se puede avanzar, lograr gestionar mejor mis emociones, que la ansiedad no me pueda, saber o poder calmarme y poder dormir.
Saber que mi amistad reconforta a alguien es muy gratificante. Gracias.
Hoy le hablé a la psiquiatra de mi famosa metáfora de el coche atascado en la arena del desierto que necesita de un tirón de eslinga para poder salir del atolladero. Ella ha sido en parte quién estaba al otro lado de la eslinga para tirar de mi (ella y la medicación). Pero yo primero tuve que reconocer que no podía seguir adelante por mis propios medios. Liberar las ruedas de la arena con una pala. Poner las planchas, bajar presiones de los neumáticos. Parar a un coche y ofrecer la eslinga. Sin mi pequeño o grande esfuerzo, siento un peso muerto, sin constancia, no habría salido de la arena. No estaría en el camino de salir.
Muchas gracias por tu profesionalidad, por ese tirón de eslinga virtual.
Y ahora, a seguir adelante. Hoy con el ánimo un poco revuelto, pero con una pequeña sonrisa en mis labios. Y emocionado, emoción positiva que casi no duele. A pensar en los próximos talleres, en ejercicio físico, series, relatos y mil cosas pequeñas y bonitas de las que disfruto cada día más.
Medicación. En parte ha sido una pequeña decepción saber que la mirtazapina seguirá siendo mi compañera diaria (antes de dormir). En parte lo esperaba. El cambio de tiempo, los días más cortos, la falta de luz, los cambios bruscos de temperatura, el cambio de hora, me han afectado un poco.
Si, ahora tengo una sensación un poco agridulce, pero se que podré dormir muchas horas y de nuevo autoequilibrarme. Yo puedo. Yo soy grande.
*Arriba aunque duela pensé en Marzo. Y sigo cada día avanzando e intentando ascender. Y ya casi no duele.

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