miércoles, 25 de octubre de 2017
Princes of the universe
1997
Los inmortales, la primera parte.
2006 o 2007. Quizás enero de 2007. Volviendo a casa con la máquina roja. Y escuchando Who wants to live forever. Otra de esas canciones.
Si, está claro que socializar y ser el alma de las conversaciones y aparentar no se me da bien. Demasiado introvertido (por no decir asocial) y directo. Pero hoy ha sido otro de esos días en que me siento razonablemente orgulloso de mi mismo. Sin llegar a la soberbia. Preguntas, te preguntan, ayudas y te ayudan, ese es el ciclo. Reciprocidad. Te pones los cascos y al lío.
A pesar de sentirme fuera de lugar en algún momento, la mañana transcurrió de forma fácil y fluida. Fácil. Esa es la palabra. Sin nervios. Mi cuaderno mágico, notas varias, cosas por aprender y chimpún. En otra ocasión aquel lugar me habría hecho sentir pequeño, me habría incomodado. Ahora, todo lo contrario. Conocía el lugar (eso ayuda, ir de memoria) y como la vez anterior, tenía jinetes que cubrirme las espaldas. Aunque casi fuera el ¿líder de la manada? No lo pretendo, pero soy cuidadoso y meticuloso, y aunque quizás destine más esfuerzos de los necesarios, quien lo ha de ver lo ve.
Tiempo inusualmente cálido, pero luz de otoño. Casi tan bonita como la luz del principio del invierno y de la luz de la primavera.
Sofá, ordenador donde escribir -más pequeño que el portátil de ésta mañana- calma, silencio y Marco.
Que las cosas me afecten cada vez menos y que la hipocresía me de igual ... es para estar razonablemente orgulloso.
Buscar el equilibrio y la calma.
De vuelta a casa vi una bici urbana-híbrida en el tren. Visualmente las bicis de montaña cañeras pueden resultar más atractivas, pero al final para ir de acá para allá una híbrida es más práctica ..
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