Con la discreción que le caracteriza me cuenta que su perra falleció hace unos pocos días y que la ha incinerado. Ya mayor, después de superar varias operaciones, al final acabó muriendo. Sus palabras transmiten el enorme cariño que todavía le tiene. Pena y añoranza. Sólo puedo decirle que recuerde lo feliz que ha sido viviendo a su lado. Compartiendo momentos con otro pequeño compañero peludo, un gato que seguro echa también de menos a la perra. Días de travesuras, siestas, comidas y cariño, todo en compañía.
De camino al trabajo comparto vagón en el tren de cercanías con una pareja que seguramente inicia sus vacaciones de navidad. Maletas y gato. Un diminuto gato negro en el interior de su transportín. No parece asustado ni nervioso. Sus dueños le adoran: miradas de cariño y palabras dulces a través de las aperturas del transportín.
Pequeños ángeles de cuatro patas que son más que mascotas. Son compañeros. Marco me mira desde su atalaya. Después de comer, jugar e intercambiar mimos conmigo. Caricias y ronroneos.
Ángeles de cuatro patas.
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