Desde entonces han pasado décadas, literalmente. Tendría entre catorce y dieciséis años. En "un lugar del mundo". Allí donde nacieron quienes me dieron la vida y donde pasaba veranos y fines de semana.
Los juegos en la calle poco, los paseos en bici, andar por el campo ... poco a poco todos esos divertimentos fueron cambiando poco a poco. Y al final todo se resumió, básicamente, en reunirse en sitios apartados para ... beber. Y no agua, precisamente.
Una especie de ritual que daba paso a la edad adulta. Beber y fumar. Yo no entendía por qué eso que supuestamente era tan bueno y tan divertido acababa con gente diciendo tonterías y vomitando. Vale. No todos. Algunos llegaban a ese estado de leve borrachera, que supongo debe ser placentero, pero que nunca he experimentado (ni quiero).
Supongo que entonces me di cuenta de que era más raro que un perro verde, y seguí con mis paseos en bici (pronto en solitario), libros, relatos, música, sintiéndome a veces, demasiadas veces fuera de lugar, sobre todo cuando estaba rodeado de gente. Quizás anímicamente, emocionalmente era menos maduro que la gente que me rodeaba o quizás no, simplemente pensaba y percibía todo de forma diferente.
Ahora han pasado más de veinte años, pero básicamente, todo sigo igual y yo sigo igual.
Buenas noches y buena suerte.
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