Fin de semana. Un espacio para olvidar la locura y descansar. Hace mucho calor. Si ya soy una persona digamos casera, con éste calor me apetece todavía menos salir de casa. Aunque dentro haga calor, fuera hace más calor. No estoy en un momento particularmente marmotil -lo que no suele ser buena señal- aun así como madrugo bastante es un placer poder dormir sin reloj.
Fin de semana. En realidad no hago nada trascendental, simplemente descansar y olvidarme del resto de la semana. Y sin ataques de tristeza, nervios ni insomnio, se pasa mucho mejor.
Marco. Llevamos casi un año juntos. Ha pasado de esconderse y bufarme a tumbarse (cuando quiere) a mi lado en el el sofá. Como si fuera un miembro de su grupo gatuno me lame, aunque claro, solo tengo pelo en la cabeza. De todas formas agradezco su gesto, porque me demuestra que ya soy para él como de la familia. La mayor parte del tiempo está tumbado en su sillón o espanzurrado en el suelo -él también acusa el calor- pero de todas formas hace mucha compañía. Y que me maulle por la mañana o al volver a casa, es muy agradable.
A punto de tirar para la cama, viendo Wheeler Dealers sobre un BMW Isetta, Marco tumbado en el suelo de la cocina y la luz del día agotándose poco a poco.
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