Han pasado algo más de tres meses desde que me decidiera a volver a estudiar. Bueno, estaba decidido desde el principio del fin. Pero entonces empecé a concretar (con tramites y demás) esa decisión. Las dos primeras semanas fueron una mezcla de ilusión y agobio imposible de olvidar. En la última cita con mi anterior guía, ya pensaba en el siguiente hito: los exámenes.
Las notas son importantes, pero las sensaciones mucho más. Me he podido agobiar con clases, tareas y exámenes, pero me ha generado muchísima menos ansiedad de la que esperaba y recordaba. Quizás sea madurez o autoconocimiento o las muchas herramientas aprendidas en los últimos años. Incluso el triple salto mortal con tirabuzón y medio, bajar (a mi manera, muy poco a poco) la medicación, ha ido bien.
Tengo miedo a muchas cosas y a volver a no dormir. Pero he avanzado muchísimo. Le tenía miedo al otoño, a Noviembre, que fue desastroso hace dos años, pero me equivocada. No he tenido esa sensación de estar a punto de llorar durante horas, ni esa inquietud, estar tenso como la cuerda de un violín a cada minuto y no poder dormir más que 4 o 5 horas. Como en junio y en julio.
Recreo en compañía. Los comentarios de después de los exámenes. Conducir de ida y de vuelta a clase o a los exámenes.
Todas esas cosas pequeñitas son muy importantes para mí. Y estoy orgulloso y en calma.
Los próximos hitos: recuperación (como en 1996 o así) y las vacaciones.
Todo esto me recuerda un montón a 1996, el último año de instituto.
Buenas noches y buena suerte.