Otro día. En el futuro. Despertar a tu lado.
Soy impaciente, pero estoy aprendiendo a esperar.
Otro día. En el futuro. Despertar a tu lado.
Soy impaciente, pero estoy aprendiendo a esperar.
Si algo he aprendido, es a ser consciente de mis propias fuerzas, en todos los sentidos. Y no hacer más de lo que puedo.
Ahora me encuentro mejor pero, por eso mismo, intento no malgastar mi calma. Es difícil de explicar. Miedo a empeorar.
Han sido meses muy intensos. Inolvidables. Siento que ... Una nueva vida empieza. Y esa certeza me produce a la vez ilusión y vértigo.
He aprendido mucho en éste año y mucho más me queda por aprender. Y tengo ganas de aprender.
Y lo que más siento es no poder ayudar más a la gente que me importa. Pero algo es menos que nada.
Buenas noches y buena suerte.
Antes de abrazarla pregunta. Cuando uno se siente mal, a veces no tiene ganas de nada, de ver a nadie, ni mucho menos de contacto físico. Asiente entre lágrimas y el despliega sus brazos largos y delgados, se le antoja de cañas o juncos y la abraza. Quisiera poder curar su tristeza con un abrazo, pero sabe que no es posible. No está en sus manos. No es un mago. Ni un médico. Ni un psicólogo. Solo un humano pequeñito que ya tiene bastante con apuntalarse a si mismo. Pero le sobra la empatía. Y un abrazo no sirve de mucho, pero conforta.
Estirado cual largo es en el sofá. Escribiendo. Siente que ha vivido en su propio mundo hecho de sueños. Porque le resultaba más sencillo soñar que vivir. Pero hasta el más dulce de los sueños puede convertirse en una pesadilla.
Despierta. La vida le asusta. Pero también hay instantes maravillosos. Cosas que aprender. Personas por conocer.
Despierta. Y el sentimiento que bulle en su interior ... Por una vez es la calma.
Escuchar su voz primero, y luego poder verla y darle un beso fue lo mejor del día. Es lo realmente importante. He de aprender a relativizar. En ello estoy.
Dormiré en la que fue mi cama. Dormiré bien porque el sueño llama a la puerta del lacrimal. Y me encanta estar tranquilo y dormir bien.
Creo que nunca había comenzado una entrada desde los andenes de una estación de tren. Una mañana más, en el andén que da acceso a las vías 5 y 6, esperando un tren que se retrasa. Waiting for a train.
Todavía es de noche. Desde aquí no puedo ver el cielo, pero lo sé. El tren llega y me acomodo en su interior, en el estómago de una enorme criatura de metal capaz de acoger a cientos de personas en su seno y capaz de rozar los 120 km/h.
El amanecer me sorprenderá ya delante del ordenador. Tengo un poco de sueño, pero no demasiado. Vuelvo a conseguir dormir bien. Siento calma y esperanza. Me siento a gusto en mi piel.
Buenos días y buena suerte.