El móvil es un inmenso contenedor de recuerdos. Sólo ver las fotos de Junio y de Julio y también los mensajes (muchos de madrugada) me da un poco de angustia. Me hace revivir momentos amargos.
Pero me encuentro bien. Hasta he hecho un examen extra para mejorar una nota. De todos esos días me quedo con los que han estado a mi lado, a ambos lados de la pantalla, la familia de sangre y la familia de afectividad.
Y que no soy "pequeño y frágil". Tomar mis propias decisiones. Usar a discreción toda la ayuda química de que disponía. Y poder contar cómo me sentía a personitas preciosas y a la psiquiatra en consulta.
Desde entonces, de forma constante, imparable, como una marea dulce, me he ido sintiendo mejor y ya puedo dormir incluso con muchísima menos medicación (menos de la mitad).
Amistad. Para mí, que soy tan introvertido, un tesoro. Volver a estudiar. Hacer decenas de exámenes Y SIN LORAZEPAM. Aprendizaje. Maravillarme. Y no sentirme fuera de lugar.
Todo es precioso. Ojalá me hubiera "encontrado", hubiera aprendido todo esto de otra manera. Ya no sé cuándo empezó todo esto. El cambio. ¿En 2012 o 2013? O antes. Con los blogs en 2004. La sinceridad. El poder expresar que me sentía bien o que no me sentía tan bien. Los blogs abiertos y los discretos.
La complicidad. Ay.
En medio de una marea amarga de ansiedad e insomnio destellos preciosos.
Buenas noches y buena suerte.