Algo ha cambiado.
Me siento diferente, más maduro, con más aplomo y más recursos para gestionar lo que me ocurre.
Cuento con apoyo profesional (de la salud mental), de hecho la próxima consulta es en unos pocos días.
Aunque soy introvertido, puedo apoyarme en unas cuantas personas. Algunas, incluso a éste lado de la pantalla. Lo que, en realidad, no ocurría una manera similar con Venus, en 2015.
(Ha pasado un siglo de desde entonces. Muchos momentos vividos y, por desgracia, muchos meses en tratamiento y con medicación de por medio. El último Agosto sin medicación de por medio fue en 2017, que, a la vez, fue el último año sin medicación y sin consultas varias. Aunque las dos últimas semanas de 2017 fueron horribles.)
Hoy es un día extraño y con algunos altibajos, aunque con menos sueño que ayer y que antes de ayer. Pero también con instantes preciosos.
Soy mejor persona de lo que pienso, puedo más de lo que creo. Todavía nervioso, imulsivo, a veces impredecible, pero tambien lleno de empatía, comprensión, ganas de ayudar (lo que a veces me lleva a ir más allá de lo que puedo hacer, a agotar mis fuerzas, y otras a ofrecer ayuda a quién no me la ha pedido).
Un ángel me manda mensajes mientras escribo esto, me comenta lo que ya sé y he de repetir que tengo que medir mis escasas fuerzas. Como para explicarle lo de la ideación suicida, aunque haya sido sincero con ella más que con otras muchas personas (porque tiene empatía).
Cochecitos. Que siempre me animan.
Hoy refrescó por la noche pero ahora hace mucho calor, que no ayuda en nada a dormir. Cuando caiga la noche saldré en bici. Como hace dos semanas y algo.
Tener que explicar cosas a la gente me agota menos que otras veces pero me acaba irritando. Al menos ahora, como en el confinamiento, son mensajes en diversas plataformas electrónicas ... no gente con diarrea verbal durante horas al lado, o gente haciendo ruidos en transportes públicos.
Intentar descansar y calmarme. Lo intento pero .... No es fácil.
Volvió la avenida, arrasó mi refugio azul. Pero todavía puedo mantenerme en pie.
Algún día tendré que volver a estar bajo la lluvia. Y puede que el torrente erosione mi montaña artificial. Y deba reconstruirla, reforzarla. Con herramientas manuales o incluso con excavadores. Vuelvo a estar bajo la lluvia. Pero todavía puedo mantenerme en pie.
Hay personas que saben de mis fuerzas limitadas y me cuidan de diversas maneras para que no me agote hasta el punto en el que todo empieza a ser doloroso. Esos mismos seres llenos de empatía que saben percibir el fondo de mi ser.
Momentos agridulces, momentos dulces, momentos amargos, en un mismo día. Vivir en el ojo del huracán, de ese viento del Adriático del que hablaba en 2017.






















