Ha sido y es una semana surrealista. Agotadora. Con cosas imprevistas.
Pero eso no borra los muchos pasos dados. La gente que me ayuda y me ha ayudado. La gente que, a su vez, confía en mí para contarme sus logros y miedos, su pasiones.
Mañana es viernes, he hecho la compra ya ayer (en un supermercado distinto), mañana no tengo que comer rodeado de gente y podré descansar. Y el sábado veo a mi amiga y podremos orgullosos pasear juntos.
Así es cómo me siento: bajo la diminuta cúpula de una Ducati 748, en algún circuito distópico y abandonado, como en aquel relato de los Balcanes, en 1994, durmiendo en el aparcamiento del circuito en una autocaravana y ajustando la moto en algún destartalado box, con el Gato Pirata al lado y sonando música de fondo en algún arcaico sistema de audio.
Es maravilloso tener de mi lado y a mi lado a M, una psicóloga maravillosa que me lee entre líneas desde hace más de 4 años. Es maravilloso tener a mi lado y de mi lado a A., una psiquiatra muy particular y que retuerce la realidad y los límites y su agenda para darme soporte lo mejor posible.
Buenas noches y buena suerte.
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