No he tenido ganas de llorar en todo el día. La jornada de trabajo ha sido neutra. Agradable. Aprendizaje.
Al final, la parte social del trabajo, es la que más me agota. Con gente silenciosa (es increíble lo alto que habla la gente y cómo no puede estar un segundo sin hablar, hacer ruidos o ver vídeos en el móvil), todo es más fácil.
Me identifico con los diferentes.
Todavía me abruman no ya los 6 años en tratamiento, sino las decenas de consultas desde aquel lejano Junio 2022, las veces que he estado, si no al borde del desastre en momentos difíciles (shutdown, meltdown, ideaciones, insomnio, diarreas, ansiedad, días enteros con ganas de llorar, malentendidos).
Voy a poder.
Pero me gustaría tener un botón para volver a las clases agradables de abril/mayo, o al primer curso de la primera FP, con su orden exquisito y sus grupos pequeños y teleclases.
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