Media mañana o así. He dormido bien pero menos bien que fines de semana anteriores, en los que ahora estaría desperezándome.
Después de lo que pasó ayer es lógico, y he descansado bastante bien sin lorazepam, que lo dejé preparado en la mesita de noche ayer. Además he disfrutado de un desayuno agradable con curasán de chocolate, salvado de avena y copos de avena acompañados de leche de soja y cacao soluble, viendo un resumen del WRC y vídeos de coches, de furgonetas para ser más preciso, que siempre lo soy (y es genial).
*Ayer*
El día es un poco largo. No se si llegaré a tiempo al puto centro base. La parte laboral del día. Aun así mola desmontar cosas y que sean conscientes de mi atención. A que coste de saturación.
No hay atasco. Llego a casa, Tengo ansiedad. Me quito la ropa de alta visibilidad un poco manchada de grasa y me pongo un traje de persona normal, con 2 pares de auriculares. 2 cucharadas de rica ensalada de quinoa y un plátano y al autobús.
El autobús es incómodo. Salta en cada bache, para cada 250 metros y se sube gente que habla. Aun así llego a mi destino y sin perderme. Llego al centro base. ¿Tiene usted cita? Por supuesto. Espere.
Todo lo relacionado con lo social o lo sanitario implica esperar.
Me doy cuenta de que podría haber comido cómodamente en casa. Bueno, ya compraré algo en el supermercado que he visto al llegar al centro base.
Me llama el *trabajador social*. Le cuento. *Vamos a ver si han devuelto la carta*.
VAMOS A VER SI ¿HAN DEVUELTO LA CARTA?
¿EN SERIO?
Pues si, en septiembre el cartero no me encontró en casa y no dejó un aviso en el buzón.
He medio colapsado en el trayecto y en la espera para esto. Cagándome en todo salgo del puto centro base. Abro la carta
24 %. La nada.
Consigo encender el mp3. Entro en el supermercado medio colapsado. La megafonía está muy alta y no encuentro los zumos. Encuentro los zumos. Encuentro curasanes de chocolate. Encuentro galletas de chocolate. Salgo del supermercado y me como 2 curasantes esperando al autobus. Voy informando a 2 o 3 personas cercanas y radiando en twitter como si fuera Supergarcía en la hora cero. La incredulidad por el tiempo perdido y la falta de tacto del *trabajador social+* solo comparable a la falta de tacto del orientador van subiendo, in crescendo, como una marea amarga, sumado al trayecto en autobus.
Estoy agotado.
Llego a casa. Intento cagar otra vez.
Lo cuento por md a una persona en una situación similar en twitter. Que no puede ser que tienes que reclamar.
¿Reclamar? Vamos el 33 tampoco me iba a solucionar nada pero igual tenía una tarjeta o algo o algún beneficio fiscal.
Consigo hablar con quién me dio la vida, y quién me ha respaldado económicamente siempre y más los últimos x6 x3 años, de forma bastante coherente y relatarle el día de trabajo y la decepción por la discapacidad. Así mismo consigo hablar con un amor de mujer, hermana de afectividad.
Sentido del humor ácido siempre. Me acuerdo de UNABOMBER que mandaba paquetes bomba a UNiversity & Airlines y me invento el CAMBOMBER, osea, un UNABOMBER de la COMUNIDAD DE MADRID.
A pesar de no encontrarme bien consigo comer algo y pasar una tarde desagradable con malentendidos en twitter, pero objertivamente menos desagradable de lo esperado.
Me siento abrumado por la NO*DISCAPACIDAD concedida, la perspectiva de tener que reclamar, el ruido habitual en todo el entorno y salvo en casa, la ineficacia de Correos (no en el sentido que me gustaría) y el cansancio de la semana. No he disfrutado de una agradable tarde de ensalada, vídeos, gato y música y quizás escribir porque alguien no hizo bien su trabajo y porque la CAM (CAMBOMBER) vive anclada sólidamente en el SXX o en el SXIX y es incapaz de comunicarse por otro medio que no sea correo certificado, qué se yo, una notificación en una web o un correo electrónico. Me siento abrumado por la perspectiva de tener que seguir luchando cada día solo para estar estable. Quiero mi vida rutinaria de 2020 previa a la pandemia, al penúltimo empeoramiento y a la primera FP. Pero eso no es posible.
Tengo lorazepam pero logro dormir bastante bien.
Como el ordenador de sobremesa arranca lento y tengo que escribir mucho (aunque he soltado bastante bilis en twitter y en el enésimo ejercicio de la muy muy cálida y precisa psicóloga) pues uso el ordenador portátil, primero para corregir el formato condicional del termómetro de cucharas y luego para describir más o menos las últimas 24 horas.
Quizás solo necesito descansar un poco y pensar en frío si reclamar o qué hacer, aunque, objetivamente el 33 tampoco me iba a solucionar la vida.
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