Dudé si reclamar o no. Conseguí averiguar cuando debería haberme llegado la carta, y que, como bien sabía, nadie me había dejado ninguna notificación.
Tampoco me notificaron de forma electrónica. Y yo lo había pedido.
Decidí reclamar. La consulta por videollamada fue cruda y dura, muy emotiva. Pero necesaria.
Me acabé de desregular porque alguien, por MD, primero, sin pedirle ninguna opinión, me instó a que reclamara. Y después me indicó literalmente que la próxima semana estaría en el infierno.
El ordenador de sobremesa no funcionaba bien. Pero conseguí escanear la resolución y escribir un email a mi psicóloga y varios mensajes por la aplicación. Enseguida me contestó y, aunque no tengo el informe, lo tendré a más tardar mañana lunes.
Mi hermana me ayuda con la lentitud del ordenador (positivo) pero tener que socializar un viernes por la tarde y expresarle mis dudas, es un poco agotador.
Decido que no puedo esperar al 30 de abril para ver a mi psiquiatra y que necesito un informe suyo. Consigo que me adelanten la consulta pero se niegan en redondo a dejarle un mensaje, cosa que si hicieron en octubre y estoy a expensas de que en un buzón de correo electrónico se lean un correo para que le reenvíen el correo a mi psiquiatra (espero que me pongan en copia y la líen y tenga su correo, pero no parece algo posible o probable).
Empiezo a recopilar información y correos y empiezo a redactar el escrito de recurso.
No descanso perfecto.
Es sábado y no tengo muchas ganas de nada pero voy al salón de clásicos. Si, es bonito, pero hay mucha gente y mucho ruido. Me voy pronto a casa.
No tengo fuerzas para ver a nadie y no voy a casa.
Mi familia me hace de GLOVO a cualquier cosa que pida.
Mi psico me pide otro informe: el del instituto. Escribo correo a la que fue mi tutora. Otra incertidumbre. En lugar de estar más cerca el momento de reclamar está más lejos. Y no se cuándo podré reclamar y dependo de terceras personas.
Mañana he de ser un adulto funcional de nuevo.
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