Sonaba Sankar, aquella vieja cinta de 1996 que no escuchaba desde hace años. Hasta tuve que aflojar los tornillos que sujetan las dos mitades de la estructura para que sonara bien y no a trompicones. La llamada me sobresalta. La esperaba por la tarde, que es cuando estaba concertada la cita.
Camino mientras hablo con ella. Estoy tranquilo pero a veces tiemblo. Me pongo delante del balcón, camino, me tumbo en el sofá y el gato se tumba encima.
Le doy las gracias por su ayuda, antes que nada. A pesar de todo lo que está pasando, me encuentro bien. Y, como me ha dicho, tengo herramientas para gestionar lo que me pasa. Intento no ver muchas noticias ni ponerme en lo peor. Me comenta que sé lo que es mejor para mí, si me va mejor no informarme en exceso genial. También le pregunto si ella y su familia se encuentran bien, cosa que agradece.
Le hablo de lo que supone para mí una consulta. Ese desnudarme que supone a la vez, vergüenza, alivio, orientación y ver cosas de mí que no había descubierto hasta ahora. Cosas bellas. Lo mucho que me imponía la palabra psiquiatra. Del miedo a que no me entendiera, a que sólo fuera medicación. A que no fuera capaz de contarle mis miedos grandes, las veces que he tenido ideación suicida y que he querido desaparecer. Le he contado casi todo lo que tenía previsto y ha sido casi como estar en la consulta.
Me ha hablado de la incertidumbre, de intentar no anticipar. Centrarse en el momento. Lo que tenga que ser será. También le he hablado de que veo mis puntos negativos pero no los positivos. Y estoy cambiado eso. Mucho.
Le he hablado de los muchos médicos visitados, y que, a pesar de tener que operarme con láser, y de marearme, lo llevé razonablemente bien. Sin que se me alterara el sueño.
Y del taller precioso de escritura, en el que fui capaz de desnudarme y uf, pero fue bonito.
El confinamiento, el sólo salir a la compra. Intento mantener mis rutinas. Aunque a veces estoy todo el día en pijama. Pero tampoco pasa nada. Que todavía tengo trabajo pero no se para cuanto. No anticipar. Lo que tenga que ser será. Y que sigo durmiendo bien, pero no tengo ganas de dormir todo el rato.
Acaba la consulta, nos vemos en unos meses, espero que de forma física.
Y puedo leer cosas que igual no estaban destinadas a que las leyera, ver el otro lado del espejo, y consultas que fueron súper importantes para mi se reflejan en unas pocas líneas, pero otras son más largas, y me identifico en muchísimas frases, preciosas, de conseguir lo que no esperaba, de avanzar, de conectar con alguien y expresar mis miedos.
Sensación rara, pero agradable.
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