domingo, 6 de noviembre de 2016

Jacometrezo

Hace muchísimos años (finales de los ochenta, principios de los noventa) nuestra profesora del colegio A. nos intentó explicar lo que era la homosexualidad. Yo no lo entendí. Pensaba que era algo fisiológico, relacionado con los genitales. Algo así como tener los dos sexos a la vez. Pero lo que si que recuerdo es que nos lo explico con neutralidad. No era ni bueno ni malo. Simplemente era.

Más tarde lo entendí. Que un hombre deseara a otro hombre. Que una mujer deseara a otra mujer. Ni bueno ni malo. Es. No voy a negar que me chocaba. Pero lo respetaba. Intentaba ponerme en su lugar y si ya es difícil intuir si otra persona siente algo por ti, se siente atraída por ti, además intuir su orientación sexual ... Y ese era el menor de los problemas. Al diferente se le señala, se le insulta, se le ridiculiza. Cuantas veces habré escuchado "maricón" "bollera" "tortillera" "pierde aceite" y un largo etc.

Yo amo el amor sobre todas las cosas. ¿Que puede haber de malo en el amor, el cariño, el deseo? (Siempre consentido y entre adultos).


Jacometrezo es una calle pequeñita que empieza en Callao y acaba en la Plaza de Santo Domingo. Es una de mis zonas preferidas de Madrid. Plaza de España, Callao, Cibeles. En otra de mis legendarias épocas de insomnio, hace algunos años, un amanecer de verano acabé rodando en bici por Callao. A pesar de lo temprano de la hora había bastante gente. Me fijé en dos chicos rabiosamente guapos. Ventitantos años, altos, levemente musculados. Que me gusten las mujeres no significa que no reconozca a un chico guapo. Pero a parte de su físico me encandiló aquel cruce de miradas de ternura, amor y deseo. Ese abrazo. Uno de esos abrazos en los que el tiempo se para, el mundo se para. Después de una noche de poco sueño, estaba cansado y sensible y aquel momento tan intenso casi me hizo llorar de emoción. Agradecí rodar sobre mi vieja bicicleta y poder pasar inadvertido, como de puntillas.

Yo amo el amor sobre todas las cosas, pero, desde pequeño me di cuenta que hay amores bien vistos y otros que no lo son tanto. Incluso en una sociedad supuestamente avanzada como la nuestra hay miradas, burlas, comentarios, incluso agresiones. Y en otros países literalmente la homosexualidad es delito penado con la muerte.

Esta mañana me desperté otra vez muy pronto y dando vueltas en la cama, a veces con la compañía de Marco, el gato travieso, escuchaba un podcast de Documentos RNE, sobre la homosexualidad en el franquismo. Bajo el nórdico escuchaba horrorizado relatos de encarcelamientos, destierros, clandestinidad, palizas y electroshocks. Sólo unos pocos años atrás.

Yo amo el amor y sueño con un día en que ninguna pareja tenga que mirar por encima del hombro antes de besarse, para comprobar que nadie les observa.

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