Al final el frío llegó. En éste invierno atípico, frío, un poco de lluvia y toneladas de mocos. Creo que es el tercer resfriado del año. Pero ahora, ya casi recuperado, en casa, mirando a Marco enredar y jugar, me siento bien.
Los días pasan, casi echando de menos un poco más de sol y temperaturas que no obliguen a forrarse de ropa para salir en casa. Me siento bien. Los pensamientos feos quedan olvidados. Los días pasan y son agradables, para nada agotadores como otras veces. Ir al trabajo no es un esfuerzo, aunque los madrugones pasen factura (nada que no se solucione hibernando un poco los sábados.)
Lo bueno que pasó, por supuesto lo recuerdo, pero sin regodearme en lo que pudo ser y no fue. De todas maneras, queda una bonita amistad. (Y eso es precioso)-
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