(un relato, o algo así)
En ese instante se dio cuenta. Sintió como la vergüenza se derramaba por su interior hasta llegar a su rostro. Supo que se estaba ruborizando al notar calor en las mejillas. Quiso decir algo, pero se le antojó inutil articular palabra alguna. Ella le estaba leyendo la mente y, cualquier cosa que pudiera pensar, la sabría. De hecho, se preguntó si sería capaz de saber lo que pensara antes de que lo pensara.
A Silvana se le escapó una carcajada traviesa.
-No te rias. No tiene gracia-
-Si que la tiene-
-Por favor, para ya. Me estás poniendo muy nervioso, y ya soy nervioso … bastante nervioso-
-Lo se perfectamente. Te siento … Digamos … Te leo. Esa es la expresión adecuada-
-Por favor ….-
-Respira. Cálmate. Recuerda lo que te han enseñado: para mi es muy complicado evitar leer tu mente, pero puedes, hasta cierto punto, impedirlo. Puedes … bloquearme-
Bloqueo. Esa era la palabra. La clave. Bastaba concentrarse en ese concepto. En la formación les habían explicado que, si era preciso, podían llegar a pronuciar esa palabra. Bloqueo. Aunque con pensarlo bastara.
Bloqueo
-¿Ves? No era tan difícil … -
(mañana ... más)
(bueno, va, hoy, y me voy a dormir ya)
-¿Recuerdas cuando soñabas que alguien escribiera por ti? Esa noche en la que estabas agotado, pero tenías la necesidad de escribir, y escribir, pero el sueño te podía y prácticamente hasta te costaba ver las teclas del ordenador. A veces, los sueños se hacen realidad.-
-¿Qué tengo que hacer?-
-Nada. Bueno, nada no. Basta con que pienses en lo que quieres escribir y yo lo escribiré por ti. Pero piensa despacio, se tarda más en pensar que en escribir. Si para concretar alguna idea necesitas hablar, pensar en voz alta, adelante. Pero no te sientas obligado. No necesito escucharte … para sentirte. Para leerte.-
-Da miedo-
-No tengas miedo. Hay confianza ¿o no? Además, en cualquier momento eres libre de interrumpir el proceso, y de impedirme leer lo que piensas. Pero, de nuevo, hazlo despacio. Soy delicada. Como tu.-
-Creo que voy a ponerme cómodo-
-Es lo mejor. Estás muerto de sueño-
Se encaminó al dormitorio y ella le siguió. Buscó un pijama limpio en los cajones de la mesita de noche y fue al cuarto de baño. Ya le daba bastante vergüenza que ella leyera su mente, como para que le viera cambiarse. Cuando salió del baño ella estaba sentada frente al escritorio, ante un cuaderno grande, de tapas duras. El cuaderno estaba abierto y ella escribía algo en la parte superior izquierda de una de las hojas. Conociendola, su nombre, o quizás, su alias, la fecha y la hora.
-Estarás más cómodo si te tumbas. Tienes mucho sueño ¿o no lo recuerdas?-
-¿Y si me quedo dormido?-
-Lo percibiré-
-¿Podrías leer lo que sueño?-
-No me está permitido responder a esa pregunta. Digamos que … no-
-Tengo miedo-
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