Los de arriba hacían ruido, como muchas veces, y he contrataacado con Hergest Ridge, que suena tan bien como cuando lo descubrí en la primavera de 1996, cuando escribía relatos en papel y leía Bike, más o menos como ahora.
Después de un día neutro, aunque globalmente positivo, con "buenas" noticias incluso, vuelvo a la fría realidad de los informes crudos que sólo reflejan una porción de mí, y tener que esperar casi dos semanas para no más allá de dos párrafos. En ellos condensaba un año, y la realidad, aunque cruda, era esa.
El ordenador, supuestamente actualizado, tarda más de 25 minutos en arrancar. Literalmente tarda más en arrancar y en conseguir que me abra el google drive para poder descargar los informes, que en presentar la solicitud. Me encuentro que hay un límite de 10 archivos que yo no esperaba, así que me ciño a lo esencial y logro adjuntar toda la documentación que refleja el pasado y el presente.
Allá por el mes de junio me llegará una carta con una cita (aunque he puesto que quiero que se me valore de forma no presencial) para una nueva valoración o quizás con un nuevo porcentaje de discapacidad.
Entre tanto, si logro acabar las prácticas, en junio tendré un sitio donde trabajar.
Si acabo las prácticas, si estoy en condiciones de trabajar, si me conceden una adaptación. Para una persona que, por condición, por neurotipo, odia la incertidumbre, son demasiadas incertdumbres.
Ahora he de:
- Ir a dormir.
- Obtener la necesaria ayuda en forma de x2 consultas estas dos semanas.
- Llegar a las vacaciones con el menor esfuerzo posible.
- Seguir "disfrutando" y "aprendiendo" en las prácticas.
- Cuando llegue el contrato, ya cruzaremos el puente cuando lleguemos al río.
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