Aunque ahora, en parte era más sencillo, porque solo dependía de mi, y el margen de tiempo era mayor, y mi inteligencia, memoria y llevar leyendo sobre coches desde 1993, podían marcar la diferencia. Entonces quizás la estrategia más coherente y menos dolorosa hubiera sido renunciar. Pero entonces no tenía la información de la que dispongo ahora. Creo que hice lo mejor con la información disponible y con las fuerzas que tenía.
Ahora, aun cuando la parte física estaba hecha, quedaba exponerlo. Exponerlo. Hablar delante de personas, con ansiedad disparada y fobia social. Al menos, casi todos eran conocidos.
Las informaciones de última hora me permitieron ajustar el tiempo de la exposición y usar un formato sencillo se reveló como lo más adecuado.
Como en el examen del carnet de conducir, hablar con alguien me sentó bien.
Al salir del aula polivalente me encontraba mejor y casi seguro de que la nota sería positiva. Quedaba volver a casa sin chocar, que todo tiene su dificultad. Conseguí no romper el coche ni poner en peligro a nadie y dejar la máquina roja en el garaje.
La nota llegó horas después (y no al menos un día como esperaba) y fue mejor de lo esperado.
Ahora quedan dos días de formación preciosa. Después un descanso. Y luego acabar las prácticas y empezar a cuidarme física y anímicamente, a recuperar energía (quizás con frenada regenerativa). Es mi prioridad, porque como bien dijo Marc Márquez, carreras hay muchas pero cuerpo sólo uno.
Pensaba que estaba de nuevo en un bucle de ansiedad e ideas autolesivas pero no es así, siempre hay una alternativa, aunque implique retroceder. No es un callejón sin salida, siempre hay salida.
Y música. Siempre hay música y personas maravillosas que me acompañan y cuidan.
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