Todavía temo que todo se desmorone, como un castillo de arena. Un gigante con pies de barro. Un gigante pequeñito pero consciente de su fuerza y temeroso de que pueda escapar de su control.
Meses durmiendo bien, meses sin medicación, hacer cosas nuevas, aprender, interactuar, disfrutar de la calma. La semana pasada no me quedé casi sin cucharas como hace un par de semanas, aunque a la hora de hacer la compra estaba más bien cansado y sensible. Hipersensible. Y las ganas de llorar a ráfagas también parece que se alejan, por suerte.
Aunque piense que aprendo demasiado despacio, que no sirvo para nada, que no hago nada bien, no es así. Todavía debo animarme y hablarme con cariño, valorar cada pequeño paso. Siempre debería hablarme con cariño.
El cambio de tiempo. Primero de luz, luego de hora, luego de temperatura. Es decir, de los días "quasi eternos" y los pantalones cortos a que se haga de noche muy pronto, a tener que llevar manga larga, sudardera (muy bonita) y abrigo. Casi sin avisar.
Pero sigo adelante, y ya no recuerdo cuando empecé a encontrarme de nuevo mejo, supongo que hace un año o más tiempo. Se que en diciembre y en navidades dormía estupendamente, pero supongo que fue antes. Hace como un año y eso es mucho tiempo. Muchos meses también sin medicación, más que la última vez.
Los colores del otoño son preciosos y la calma serena tiene su encanto, no significa vivir anestesiado o con una capacidad limitada de sentir, sino sentir de forma no dolorosa, la mayor parte de las veces.
Seguir avanzado de forma autónoma e interactuar con personas maravillosas.

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