Ser expulsado de la partida, de forma bastante abrupta y rastrera. Lograr recomponerme y buscar un nuevo camino. Aprender. Casi como hace 23 años. Ha pasado media vida, literalmente, desde entonces.
Pensé que otros miembros del equipo de Pinball correrían la misma suerte que yo: una nueva pantalla, hostil, llena de trampas y fantasmas. Pero sólo uno ha sido expulsado. Como entonces, de forma recíproca, lo sentí y le deseé suerte. Soy brusco, soy volátil, como la gasolina o el alcohol, pero a la vez, soy amable.
Me reafirmo en mis decisiones. Aprender puede ser agotador y saturarme, pero también es maravilloso. En lugar de soñar con coches y piezas en medio de (a veces aburridas) clases en la universidad, llevo a cabo mis pequeños sueños.


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