viernes, 4 de octubre de 2019

Agotado

Ayer fue 3. Se me antoja que han pasado más días del otoño. De octubre. Estoy cansado, tengo calor, me molestan los pequeños ruidos del autobús y las personas que lo habitan. El metro en hora punta ha sido un pequeño reto superado gracias a los auriculares con Mike Oldfield, y lectura intrascendente (revista de coches clásicos). El teclado del móvil es demasiado pequeño. Alguien come pipas en el autobús. Por suerte no las tira al suelo pero aún así el cras-cras a cada poco me molesta. Cuando estoy cansado y con algo de ansiedad (y ganas de llorar) todo me molesta más.

Alguien propuso tomar algo. Rechacé la invitación. Sinceramente hoy me apetecía llegar cuanto antes a un lugar lo más tranquilo posible. El trayecto, aunque más corto, es largo y se me hace pesado. Las ganas de llorar poco a poco van desapareciendo. Seguro que con un poco de descanso, incluso en el mismo día de hoy, desaparecen del todo. Seguro que si.

Yo no soy quién debe valorar lo que no he de valorar. Que poco claro escribo cuando quiero, que es muchas veces pero menos que antes.

En unos minutos podré aliviar la vejiga y beber agua. Curioso contrasentido.

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