Septiembre cambió allá por 2003 o 2004. Hasta ese momento significaba el final del verano. Y los exámenes de septiembre, a veces muy amargos y desesperados. Pasar del ritmo lento de Agosto a los exámenes de septiembre nunca lo olvidaré. Y el comienzo del curso. Sobre todo cuando implicaba un cambio de ciclo. Del colegio al instituto o del instituto a la universidad. De todo eso hace como poco 21 años. Un siglo, casi. De 1997 a 2018.
Agradable paréntesis de fin de semana. La próxima semana es a la vez importante y bonita. Ver de nuevo a la psiquiatra. Tengo que comer de forma más racional y hacer más ejercicio, a parte de eso todo es positivo. Apenas me afectan cosas sin importancia en el trabajo. En general, me canso mucho menos. Incluso en los trayectos. Tengo ganas de hacer cosas. A pinceladas me relaciono con la gente y disfruto de su presencia. Y es precioso.
(De fondo suena Songs for The unification of Europe y me recuerda a cierta viaje al pueblo hace 6 años muerto de sueño. Conducir con sueño no es más adecuado. Ni lleno de rabia como en marzo.)
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