Me identifico mucho con los deportes individuales. Los que he practicado casi toda mi vida, salvo los típicos partidos de fúbol, baloncesto o voleibol. Correr, ir en bici o natación. Cuando aprendí a nadar en aquel polideportivo. Esa sensación de silencio al nadar de espalda, con el agua en los oídos.
De nuevo en la pista. Como en una especie de raid virtual. Donde no puedes ir todo lo rápido que quieres sino lo que el terreno o la moto te permite. Es un poco desesperante que algo sencillo se alargue minutos eternos porque todo va lento. Lento, complejo y enrevesado.
Al final, como en aquellas lejanas carreras populares, guardando fuerzas. Pendiente de mi. Si me preguntas intentaré responder tus dudas (aunque no tengo todas las respuestas). Si me pides ayuda te la daré. Pero, a partid de ahí, sólo pendiente de mi pantalla y mi trabajo. Lo que hagan los demás me da completamente igual. Yendo de acá para allá, filtrando (como aquí) y reenviando. Aunque me hierva la sangre pensando en ciertas desiguadades. La voluntad de aprender quizás sea la clave, o la ley del mínimo esfuerzo. De nuevo no es mi tarea juzgar a los demás. Yo a lo mío y chimpún. Concentarse en los que si tienen voluntad de aprender y preguntan (La gente que no pregunta me inquieta. O son extremádamente tímidos (como yo). O pasan de todo. O lo saben todo).
Si me preguntas, intentaré responder. Si no ... Aquí todos somos adultos y supuestamente maduros. De nuevo me limito a mis tareas.
En fin ... vuelta a lo mismo. Personas que transmiten esperanza, alegría, ternura y otras que repiten lo mismo y se centran en lo mismo constantemente, hasta saturarme en no ya minutos, sino segundos.
Un raid. Una carrera de larga distancia. No soñado, no perfecto.


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