domingo, 19 de noviembre de 2017

Ciudades de paso

De nuevo, recorrer una ciudad desconocida en buena compañía. De día y de noche. Incluso cruzar el tower bridge, que recordaba en la cabecera de algunas series de mi niñez. La diferencia con otras visitas anteriores a otras ciudades, a parte de la calma (muy buena compañera para cualquier cosa) ha sido el frío. No soy especialmente friolero pero a pesar de la artillería pesada (braga fina, guantes, gorro) pasé frío. Pero frío. Y el resultado son mocos, toses y oído taponado (y mañana tengo que currar).

Frío. Tanto que en algún momento sólo deseaba meterme en un lugar caliente y descansar. Si, andar mucho tiempo y estar de pie. Todo eso me cansó mucho. De la última visita no recuerdo tanto cansancio.

Paréntesis. Conocer nuevos lugares. Y paréntesis de calma. Mucha. La calma es una estupenda compañera. Poder dormir en cama ajena (aunque como la cama Y EL RETRETE propio no hay nada). Lo he repetido en los CUATRO últimos viajes, pero es super importante para mi.






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